Inauguración de la exposición "Gente y lugares"

Gabriel Cualladó, la mirada reposada del “fotógrafo aficionado”

La Nau y el IVAM colaboran rescatando la obra del fotógrafo valenciano procedente de los fondos del museo con el motivo del aniversario de ambas instituciones

Sala Acadèmia del Centre Cultural La Nau con la exposición "Gente y lugares. Gabriel Cualladó en la colección del IVAM". | E3

Coincido con el vicerrector de Cultura y Deporte de la Universitat de València, el sociólogo Antonio Ariño, en que “no hay fotografía que no sea social”. No alcanzo otra manera de asomarme al legado artístico de Gabriel Cualladó (Massanassa, 1925 – Madrid, 2003), compuesto por fotografías eminentemente formales, que analizan a las personas que miran directamente a cámara en sus retratos, o al espacio en torno al cual discurren sus vidas, con figuras humanas siempre presentes. Ayer se inauguró en la Sala de la Acadèmia del Centre Cultural La Nau la exposición Gente y lugares. Gabriel Cualladó en la colección del IVAM.

De él se ha dicho que fue el fotógrafo humanista de la posguerra, que utilizaba el blanco y negro -si es que el blanco llega alguna vez a serlo- para aportar lirismo a su mirada, y que es el representante más destacado de la llamada Escuela de Madrid. Y resulta que Cualladó nunca se dedicó profesionalmente a la fotografía -tenía una empresa de transportes- por lo que, aparentemente sin quererlo, este autocalificado “aficionado a la fotografía” tiene su hueco en la Historia del Arte con el aire despistado de quien se cuela en una fiesta.

Y ha sido precisamente a él a quien La Nau y el IVAM han elegido para unir sus respectivas conmemoraciones: los 20 años en los que el histórico edificio fundacional de la UV se restauró para convertirse en centro de arte, y las tres décadas de existencia del museo más importante de la Comunitat, cumplidas el pasado mes de febrero pero cuya celebración prosigue “extramuros”, repartiendo sus vastos fondos de arte contemporáneo por distintas partes del mundo.

Para explicar por qué el fotógrafo valenciano ha sido el elegido para este cruce de aniversarios, el director del IVAM, José Miguel G. Cortés, aludió al criterio de calidad. “Queríamos traer obra de un artista de gran calidad perteneciente a nuestra colección; y Gabriel Cualladó es un referente.  No se puede hablar de la Historia de la Fotografía en España sin tenerle en cuenta. Pensamos que estaría muy bien para esta exposición conjunta porque creemos que no se conoce suficientemente su obra y era una muy buena posibilidad de darlo a conocer”.

La exposición, al más puro estilo IVAM, incluye vitrinas con libros y documentación relacionada con la vida y la obra del artista. Un paseo entre las aproximademente 200 fotos que la componen traen ecos, efectivamente, de la oscura posguerra tal y como la imaginamos, especialmente en las tomas situadas en el mundo rural de aquella España. Hay fotografías de personas marginadas en acentuados claroscuros, lo que evoca un cierto toque velazqueño. Y destacan las series -reportajes, como los llamaba Cualladó- de El Rastro de Madrid, tanto en los años 60-61 como a principios de los 80, en los que parece cualquier cosa menos un lugar agradable por el que pasear antes de la hora de vermut. También destaca su serie de fotografías en el París de principios de los 60, en las que composiciones aparentemente casuales aflojan el pesado formalismo de la mayoría de sus composiciones.

Cualladó

El director del IVAM, José Miguel G. Cortés; el comisario de la exposición, Álvaro de los Ángeles; y el vicerrector de Cultura y Deportes de la UV, Antonio Ariño, ayer en La Nau. | E3

Pero sin duda, lo más destacable son los paneles centrales en los que se se proyectan cuatro películas en las que el comisario de la exposición, Álvaro de los Ángeles, ha encontrado vínculos temáticos o estéticos con la obra de Cualladó: Muerte de un ciclista (1955), de Juan Antonio Bardem; Cléo de 5 à 7 (1962), de Agnès Varda; Amator (El aficionado, 1979), de Krzysztof Kieślowski, y Veinte años no es nada (2004), de Joaquim Jordà.

“Lo que más ha sorprendido de la obra de Cualladó es la sensación de que siempre hizo la misma foto”, declaró el comisario. “Al analizar sus fotografías” -prosiguió de los Ángeles- “me dio la impresión de que estaba fotografiando casi de la misma manera a sus hijos cuando eran pequeños, que a un trabajador de La Albufera, o a una persona trabajando en un almacén. Las fotografías demuestran una quietud, una tranquilidad, una paciencia que todos los fotógrafos deben tener, pero que en su caso es bastante evidente”.

Así, “lo interesante de Cualladó es que, haciendo algo que no era absolutamente novedoso ni transgresor, sí que consigue transmitir cosas. Eso es muy difícil de conseguir pero básico para que una obra siga vigente”, indicó el comisario de la exposición.

“Las universidades y los múseos públicos tienen que caminar juntos”

Con motivo de esta colaboración institucional, Antonio Ariño manifestó ante los medios que “La Nau y el IVAM nunca competirán entre sí porque son entidades diferentes; nuestra visión es académica, orientada a la formación, y el IVAM responde a la nueva visión de las instituciones culturales”, según describió el vicerrector, surgida a partir del primer Ministerio de Cultura de la democracia, un momento histórico que situó al hecho cultural “como un elemento propio del bienestar de la población”.

Por su parte, G. Cortés mostró su satisfacción por la presencia de obras pertenecientes a la colección del IVAM en la UV: “Consideramos que es muy importante colaborar con instituciones de la Comunitat, y especialmente con las universidades públicas. No sé si será por una cuestión personal, porque he sido profesor de universidad durante muchos años y me sigo considerando como tal, pero creo que las universidades públicas de toda la Comunitat y los museos públicos tienen que caminar juntos”.

A la espera de que ambas instituciones sigan materializando nuevas colaboraciones, podremos visitar hasta el próximo 8 de diciembre la retrospectiva de quien, gracias a su afición, fue Premio Nacional de Fotografía en 1994 y Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1998, entre otras muchas distinciones.

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