El cambio climático impulsa el desarrollo de las inversiones sostenibles

El ahorro gestionado el año pasado con criterios sostenibles fue de 30,7 billones de dólares

Sostenibilidad es la palabra más repetida, no importa de qué estemos hablando. Por fin las grandes corporaciones se han sumado al compromiso con el planeta. Cada vez quedan menos voces que nieguen el cambio climático, sobre todo después de los veranos. De hecho, como apunta KPMG en un informe, la sostenibilidad se ha convertido en una cuestión empresarial estratégica.

El pasado mes de junio Europa puso en marcha un plan para financiar el desarrollo sostenible. Un plan que pasa por un sistema financiero que financie las inversiones necesarias para desarrollar una economía baja en emisiones, lo que supone invertir anualmente 180.000 millones de euros que, mayoritariamente, provendrán del ahorro privado. Un ahorro que las entidades financieras encaminarán hacia las inversiones sostenibles.


Las entidades financieras europeas tienen la obligación de considerar la sostenibilidad de las inversiones que realicen


El paquete de medidas aprobadas por la UE incluye cuatro documentos muy relevantes para el sector financiero en su conjunto, pero también para el resto de industrias. En primer lugar, la Guía sobre cómo informar de las cuestiones relacionadas con el clima, que integra las recomendaciones realizadas en 2015 en el seno del Financial Stability Board.

Esta guía aporta recomendaciones prácticas a las empresas sobre cómo informar del impacto que su propia actividad tiene sobre el clima y al revés, el impacto de las cuestiones climáticas en sus cuentas de resultados. Estas pautas aportarán más luz a las aproximadamente 6.000 compañías europeas cotizadas, bancos y aseguradoras que deben cumplir con la Directiva 2014/95 sobre reporte de información no financiera. Y permitirá a los inversores tomar mejores decisiones a la hora de valorar el grado de sostenibilidad de los diferentes activos financieros.

“La necesidad de transitar hacia una economía más baja en carbono no tiene vuelta atrás. El sector financiero tiene que desempeñar un papel clave canalizando recursos hacia proyectos, actividades e inversiones que avancen en esa dirección. La regulación debe establecer las condiciones que le permitan hacerlo”, señala Ramón Pueyo, socio responsable de Sostenibilidad de KPMG en España.

Otros documentos se enfocan a determinar si una actividad es o no sostenible medioambientalmente y en qué grado. Otro establece qué actividades pueden financiarse a través de bonos verdes y un tercero tiene por objeto precisar la metodología para valorar, además del rendimiento financiero de las inversiones, su rendimiento medioambiental.


Las empresas deberán también incorporar la sostenibilidad social en su cultura corporativa


Todas estas medidas vienen a ser un revulsivo para aquellas empresas y entidades financieras que todavía no habían integrado la sostenibilidad en sus procesos, en sus productos, en su forma de hacer negocios, y hasta en su cultura corporativa. Entendiendo por sostenibilidad no solo los aspectos medioambientales, sino también sociales y el resto de objetivos recogidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) formulados por la ONU.

Este nuevo entorno afecta a todo tipo de empresas. KPMG pone el siguiente ejemplo: el ahorro gestinado en todo el mundo con criterios sostenibles en 2018 fue de 30,7 billones de dólares, lo que representa un crecimiento del 34% en los dos últimos años, según datos de Global Sustainable Investment Alliance, que cifra en 17,5 billones de dólares las inversiones que tienen en cuenta los criterios ESG. Invertir con criterios ESG implica considerar el impacto social y/o medioambiental sin menoscabo –lógicamente- de la rentabilidad financiera.

Para el sector financiero las implicaciones son especialmente relevantes. Entre 2017 y 2018, los desastres naturales relacionados con el cambio climático causaron pérdidas económicas por importe de 653.000 millones de dólares. De hecho, el World Economic Forum y el BCE ya incluyen el cambio climático entre los factores de riesgo que hay que supervisar. De hecho, el BCE planea incluir los riesgos derivados del cambio climático en las pruebas de estrés de la banca.


Las entidades financieras en España deberán contemplar entre sus riesgos de gestión los derivados del cambio climático


En España, el anteproyecto de ley de Cambio Climático y Transición Energética contempla que cada dos años el Banco de España, la CNMV y la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones evalúen los riesgos para el sector financiero del cambio climático. El propio Banco de España ha alertado públicamente a las entidades del impacto que puede tener en su actividad el cambio climático y la transición ecológica.

Por tanto, las entidades de crédito, aseguradoras, gestoras de fondos, bancos de inversión o sociedades de capital riesgo van a tener un papel primordial fomentando y financiando la transición ecológica.

De hecho, el Banco de España se ha adherido al Network for Greening the Financial Systems (NGFS), que integra a 36 bancos centrales y supervisores de todo el mundo y cuyo objetivo es contribuir al desarrollo de la gestión del riesgo climático en el sector financiero, pero también movilizar financiación para abordar la transición ecológica.

Como señala el informe de KPMG, estamos “en medio de un cambio que no tiene vuelta atrás. Ni para la sociedad, que este verano ha estado a punto de desatar una crisis diplomática ante la proliferación de incendios en el Amazonas (…) ni para la empresa, que asiste a la presión de la sociedad, empleados, consumidores, reguladores, los supervisores, inversores… Todos empujan en la misma dirección: crear un futuro sostenible basado en otro modelo de producción, en una economía de bajas emisiones. Un cambio de modelo que (…) necesariamente requiere de la participación y desarrollo de las finanzas sostenibles”.

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