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Así funciona el sistema público sueco de pensiones de aportación definida

En la actualidad, en Europa hay dos modelos de sistema de pensión: prestación definida, como en España, y aportación definida.

Los sistemas públicos de pensiones universales se han convertido en un problema de difícil solución. El aumento de la población de mayor edad junto con la longevidad ponen en peligro la sostenibilidad del sistema. Los países buscan soluciones para garantizar a sus ciudadanos un nivel de vida adecuado en su jubilación.

El Fondo de Población de Naciones Unidas estima que para 2050 el 22% de la población mundial superará los 60 años, lo que supone un reto para garantizar una seguridad económica tras la vida laboral. A ello se añade que la mayoría carece de formación financiera suficiente para preparar su economía tras la jubilación.

Según apunta Rafael Doménech, responsable de Análisis Financiero de BBVA Research, los sistemas “deben ser financieramente sostenibles en el tiempo y garantizar pensiones suficientes a las personas retiradas hasta su fallecimiento”. Aunque cada país tiene un sistema de pensiones propio, con sus particularidades, básicamente se pueden distinguir dos tipos: los de prestación definida, como el caso español, y los de aportación definida.

En España, la prestación se define en función de los años cotizados y el salario percibido. Pero frente a este sistema, a finales del pasado siglo, Suecia implantó una nueva fórmula: el sistema de aportación definida. La diferencia es que el sistema se articula en torno a cuentas individuales o cuentas nocionales.


La sostenibilidad del sistema público de pensiones se ha convertido en un reto debido al aumento de la esperanza de vida


Cada trabajador dispone de una cuenta virtual en la que quedan anotadas todas las cotizaciones al sistema durante su vida laboral. En el momento de la jubilación, la persona recibe una pensión vitalicia que se calcula en función de la cantidad anotada en la cuenta y la esperanza de vida del país en ese momento. Como la esperanza de vida cambia en el tiempo, la prestación no puede definirse con antelación.

“El sistema es transparente, porque el trabajador conoce en todo momento qué cantidad hay en su cuenta nocional y qué pensión puede esperar recibir en el momento de la jubilación condicionado a una expectativa de la esperanza de vida”, apunta Doménech.

La edad mínima de jubilación va aumentando en función de la esperanza de vida, si bien si llegado a la edad el trabajador considera insuficiente su pensión, puede seguir trabajando hasta alcanzar la cantidad que le resulte satisfactoria. El sistema incentiva la prolongación de la vida laboral a medida que avanza la esperanza de vida.

“También es un sistema sostenible desde el punto de vista financiero, porque el pensionista durante el periodo de jubilación recibe lo que ha cotizado durante su vida laboral, con lo que es un sistema de suma cero”, subraya Rafael Doménech.

Los sistemas de aportación definida pueden ser financieros o no financieros. En los primeros la revalorización de las pensiones se realiza conforme a la evolución a largo plazo de los mercados financieros. En los segundos lo hace en consonancia con la tendencia de la economía, la productividad y la evolución de los salarios.

Estos sistemas suelen establecer una pensión mínima para todos los trabajadores o algún tipo de colchón financiero para evitar las situaciones de pobreza en la jubilación. Estas se suelen producir por lagunas de cotización durante la vida laboral; por ejemplo, por periodos prolongados de desempleo o bajas laborales por incapacidad.

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