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La tasa rosa existe: ser mujer es más caro

El estudio ha contemplado casi 400 productos en establecimientos de las principales localidades de la región

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Ser mujer es más caro, según ha constatado un estudio presentado por Economía Sostenible en el VI Congreso de Economía Feminista que se celebra en la UPV. El estudio se ha realizado para conocer el posible impacto económico y social en la Comunidtat Valenciana de la llamada tasa rosa.

Se considera tasa rosa el hecho que determinados productos o servicios que se ofrecen con versiones para hombres y para mujeres lo hacen a un precio superior en la versión femenina, sin que se pueda justificar este incremento en ninguna característica objetiva del producto.

El estudio ha podido constatar que se penaliza a las mujeres sobre todo en dos aspectos: en la proporción de productos que tienen un precio más caro en la versión destinada a ellas y en el porcentaje de diferencia del precio, con siete puntos porcentuales de diferencia de media respecto a los hombres cuando sus versiones son las más caras.


Hojas de afeitar o desodorantes presentan un precio superior en la versión femenina


A estas conclusiones se ha llegado después de haber analizado una serie de sectores de productos representativos de las compras cotidianas, estimando la cantidad de productos que en cada sector presentan diferencias de precio entre los productos femeninos y masculinos.

En total, se han estudiado un total de 398 productos y servicios, con versiones masculina y femenina realmente comparables, en 75 establecimientos de siete localidades de la Comunidad Valenciana; Valencia, Castelló de la Plana, Alicante, Elche, Gandia, Alcoi y Vila-real.

Los productos examinados pertenecen a los sectores de la dietética, higiene personal, perfumería, juguetes y videojuegos, deportes, telefonía y accesorios, productos para bebés, tintorerías, peluquerías, seguros y centros de depilación. Y una serie de categorías de producto en cada uno de ellos, por ejemplo, en higiene: hojas de afeitar, desodorante y crema facial.

También se ha llevado a cabo un análisis de las personas consumidoras, combinando las metodologías cuantitativa y cualitativa. La cualitativa, con tres grupos de discusión con siete mujeres participantes de diferentes edades, nivel de ingresos y nivel de estudios y la cuantitativa, consistente en una encuesta en línea a 414 personas, hombres y mujeres, residentes en la Comunitat Valenciana a partir de 16 años.

El estudio constata que los sectores donde parece estar operando actualmente el mercado al aplicar la tasa rosa y, por lo tanto, donde parece más adecuado continuar investigando y actuar es en higiene y perfumería y en las peluquerías.


Son necesarias políticas de sensibilización para evitar que las mujeres sean penalizadas por consumir


Uno de los aspectos más destacables del estudio es cómo el mercado impone diferencias de precio en función de la introducción de detalles en los productos que justificarían esas diferencias en el precio.

Es aquí donde se detecta más claramente que la mujer paga un precio mayor. Mientras que las diferencias de precio son solo de 1,6 puntos porcentuales cuando los productos femenino y masculino son similares (excepto en el color, por ejemplo), aumentan a un 8,1 cuando los productos femeninos incorporan pequeños detalles, y a un 9,3 cuando se trata de productos de la misma gama, pero con mayores diferencias.

Del estudio se deduce que existe actualmente sensibilidad social sobre las cuestiones de género que influye en que cuando se trata explícitamente el tema de las posibles diferencias de precio en las versiones de un producto para los dos sexos, se percibe que éstas existen y perjudican sobre todo la mujer. En cualquier caso, son las mujeres las que tienen una conciencia mayor de la extensión de la tasa rosa (6,8 sobre 10, mientras que la media es de 5,4).

Esta posición de partida hace que una mayoría de la población de la Comunitat Valenciana esté a favor de que las instituciones intervengan en el fenómeno con políticas de sensibilización y la negociación con marcas y establecimientos como herramientas útiles para llevar a cabo la tarea, al generar una cierta presión sobre el mercado para que el mismo vigile el mecanismo por el cual finalmente las mujeres están siendo penalizadas.

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