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Entrevista

V. Domingo (Cemas): “La mala alimentación se empieza a convertir en una pandemia”

Ayer se inauguró el Centro Mundial de València para la Alimentación Sostenible con la presencia de la reina Letizia y autoridades de la Generalitat y de la ONU

El delegado del Gobierno, Juan Carlos Fulgencio; el alcalde Joan Ribó; el president Puig; la reina Letizia; y el director general de la FAO, Graziano da Silva, ayer en la presentación del Cemas. | Foto: Ayto. de València

La reina Letizia presidió ayer, en el edificio La Base de la Marina, el acto de presentación del Centro Mundial de València para la Alimentación Urbana Sostenible (Cemas), al que acudieron el president de la Generalitat, Ximo Puig, el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano da Silva, y el alcalde de València, Joan Ribó, además de una amplia representación del Gobierno de la Generalitat y otras autoridades valencianas, representantes diplomáticos y de organismos internacionales relacionados con la alimentación, o activistas por la alimentación sostenible como el Premio Nobel de la Paz, Edward Rubin.

El Cemas nace con la misión de convertirse en una nueva herramienta efectiva para la mejora de la calidad, de la sostenibilidad y el crecimiento efectivo de los hábitos de de alimentación sana. Su director, Vicente Domingo, que ya fue comisionado del proyecto València Capital Mundial de la Alimentación 2017 nos avanza algunas claves del funcionamiento de este organismo que ha elegido València como sede.

-En términos generales, ¿qué puede suponer el Cemas para València?

-La oportunidad de que una institución así esté en València, como mínimo, le dota de una repercusión internacional no diría que de primer orden, pero sí de un goteo constante de visitas de instituciones y encuentros vinculados a la sostenibilidad y a la alimentación de relevancia indiscutible. No es un centro itinerante, la intención es que se quede aquí para siempre.

-¿Su sede permanente será La Marina?

-A día de hoy, está pensada para que se quede en La Marina, por la simbología que tiene el mar Mediterráneo en el intercambio de ideas y de mercancías.

Cemas

Vicent Domingo (izq)  durante la pasada celebración del foro de Efeagro. | Foto: Archivo Efe / Kai Försterling

-¿Cómo será su funcionamiento?

-Básicamente, Cemas será una base de comunicación potente. Sus campos de actuación son, por un lado, capturar, recopilar y asimilar toda una serie de iniciativas que se están haciendo en muchas ciudades del mundo que conviene tenerlas catalogadas en alguna base, que a día de hoy no existe y Naciones Unidas y la FAO han llegado a la conclusión de que debería ponerse en marcha. Por otro lado, también se dedicará a la buena gestión de esa información y de ese conocimiento: una adecuada catalogación, sectorización, evaluación y monitorización. Es decir, convertirnos en un gran centro al servicio de iniciativas que se interesen por sistemas alimentarios locales sostenibles. Y su tercer ámbito de actuación es orientar, divulgar, incentivar, animar a otras instituciones a repensar los sistemas alimentarios locales bajo muchos puntos de vista: cambio climático, nutrición, género, la aportación de los pequeños productores, el big data…En definitva, es una institución poliédrica.

-Entonces, ¿se puede decir que será como una especie de consultoría agroalimentaria mundial?

-Se trata de crear un centro de referencia que acumule, gestione y difunda la información y el conocimiento que se genere alrededor de estos temas, que cada vez son de más interés. Alimentar el mundo, alimentar a las ciudades, no es cualquier cosa. Desde el año 2011, la población mundial ha sufrido un cambio sin precedentes: ya viven más personas en un entorno urbano que un entorno rural, un 54-55% según datos de la ONU, que a la vez contempla que hacia el año 2050 será del 70-75%, quizá más. Hay que empezar a considerar y a planificar ese gran reto desde ya.

-De ahí que figure el término “urbana” en el nombre…

-Exactamente. Esa palabra añadida conlleva una dimensión que hasta ahora no se había tratado con la profundidad que requiere. Pero está en la mano de las autoridades municipales implementar acciones o estrategias más o menos ambiciosas directamente relacionadas con las grandes orientaciones de la FAO: alimentación de proximidad y de temporada. Todo eso enmarcado dentro del gran contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Capilarizar en ciudades o regiones más o menos grandes la capacidad de llevar hasta el último rincón, hasta el último barrio, estas estrategias.

-Por lo que se ha anunciado, entiendo que Cemas va a tratar cíclicamente distintas cuestiones. La primera será la obesidad por la falta de calidad en la alimentación. ¿Es así?

-Ese es uno de los temas. No es que primero se aborde una cuestión y después otra, pero una de las grandes preocupaciones de la FAO ya no es sólo la desnutrición, sino también la malnutrición. Más de 600 millones de personas en el mundo sufren obesidad. Hay una auténtica carencia de calidad de los alimentos por distintas cuestiones: económicas, sociales…Pero la mala alimentación se empieza a convertir en una pandemia peligrosa. Junto con la acuciante necesidad de luchar contra el hambre, que ya no sólo se da en entornos remotos sino en países en vías de desarrollo y en las grandes ciudades del mundo, también es necesario trabajar por una alimentación sana y poderosa. Una sociedad bien alimentada es una sociedad sana, en el más amplio sentido de la palabra. Por cada euro que se invierta en educar a la población, en orientarla hacia sistemas alimentarios sostenibles, se ahorrará mucho dinero en sistemas sanitarios en los años siguientes.

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El alcalde de València, Joan Ribó, recibió ayer a la reina Letizia a su llegada al edificio La Base de La Marina de València. | Foto: Ayto. de València

-¿Cómo se podría actuar para lograr ese objetivo? ¿Me puede poner algún ejemplo?

-Hay ejemplos maravillosos. Hay acciones replicables como las de la ciudad de Nueva York, donde la fiscalidad es menor en los restaurantes donde se sirven productos de cercanía o de temporada; los comedores sociales de Ciudad de México vinculados a huertos urbanos; un sistema innovador de la ciudad de Copenhague en compra pública; otra iniciativa fantástica en San Luis (Senegal) en la que todos los implicados en el sistema alimentario tienen participación y opinan en el desarrollo de proyectos y estrategias; en Toronto, las cuestiones sobre alimentación son parte de los contenidos que los niños han de estudiar…Es decir, todo eso ya existe, y hay que catalogarlo, datarlo, ofrecerlo al resto de las ciudades interesadas, y empezar una dinámica de servicio público.

El ciudadano es el primer ámbito de la actuación pública. Las campañas informativas, las orientaciones a los consumidores, calan rápido si es el ayuntamiento quien directamente toca la piel del ciudadano todos los días. Y en poco tiempo puede ofrecer resultados muy interesantes.

-El tema que protagoniza la actualidad agroalimentaria en la Comunitat es la grave crisis citrícola. ¿El Cemas es un actor que puede ayudar a paliar esta situación?

-De una manera indirecta, sí. De manera directa, no es ámbito de nuestra competencia, pero puede venir a demostrar una serie de errores. Muchos productos cruzan hoy casi medio mundo, con lo que ello supone de huellas de CO2, de carbono, de gases de efecto invernadero, y el Cemas debe hacer hincapié en que la alimentación de cercanía, de proximidad, de temporada, es la que necesitamos. Debemos ayudar a nuestros agricultores, al recambio generacional de familias de campesinos para las que ha sido un orgullo y un honor tener un campo, y alimentar a sus conciudadanos y a su comunidad.

Los grandes acuerdos internacionales a mayor gloria de la globalización no son, precisamente, la línea más recomendable. Habrá que tener el talento y la energía suficientes para decirles a los ayuntamientos que, como ha hecho Nueva York, si los restaurantes demuestran que los productos que han llevado a sus mesas son de cercanía y cumplen una serie de preceptos sobre seguridad y dignidad en el trabajo, con las cuestiones fitosanitarias en orden, se deben incentivar, frente a la locura global de llevar miles de toneladas de naranjas de un lado a otro del mundo.

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