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El correo enviado por el inspector Casaus ponía en duda la viabilidad de las cajas por su exposición inmobiliaria

Los correos electrónicos dejan en evidencia a Fernández Ordóñez en el caso Bankia

El correo leído por Pedro González ante el tribunal revela que el exgobernador conocía desde julio de 2010 los problemas de solvencia, liquidez y rentabilidad de las cajas

Pedro González, ex director de Inspección del Banco de España

El exgobernador del Banco de España Miguel Ángel Fernández Ordóñez conocía desde julio de 2010 los problemas de solvencia, liquidez y rentabilidad de las cajas -entre ellas Bancaja- que dieron lugar a Bankia, según un correo electrónico remitido el 5 julio de 2010 por el inspector José Antonio Casaus a sus superiores.

El documento, cuyo contenido íntegro se ha conocido este martes, refuta lo que sostuvo Fernández Ordóñez durante su declaración como testigo ante la sección cuarta de la Sala de lo Penal el pasado 25 de marzo, cuando aseguró que no recibió ninguna alerta de sus inspectores sobre la situación de la entidad hasta 2012.

Dijo también que desconocía los correos que el inspector José Antonio Casaus remitió a sus superiores, cuyo contenido “acertó por casualidad” con los problemas de viabilidad pero no con las razones.


En julio de 2010 el inspector Casaus advirtió de la preocupante pérdida de solvencia


El citado correo de 5 de julio de 2010 no obraba hasta ahora en la causa, pero el exdirector de Inspección del Banco de España Pedro González, que declaró el lunes como testigo y cuya comparecencia continúa este martes, leyó el lunes parte de su contenido ante la Sala.

Durante la citada reunión con Fernández Ordóñez, el inspector de cabecera de esas cajas -Caja Madrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caja de Ávila, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Rioja- explicó que las siete afrontaban “graves” problemas de solvencia, liquidez y rentabilidad, para cuyo tratamiento “no caben soluciones ortodoxas y sí un SIP (Sistema Institucional de Protección), saneando contra reservas y reduciendo capacidad”.

Entre los problemas que describe Casaus destacan unos activos “deteriorados notablemente hasta el punto de comprometer no ya la rentabilidad, sino la solvencia”.

Mencionaba también un considerable volumen de activos a largo plazo con muy baja rentabilidad, como hipotecas a 30 años que suponían el 40 % del riesgo crediticio, y serias dificultades de liquidez que “en el mejor de los casos” provocarían un sensible aumento de los costes financieros.

Asimismo, señalaba un sobredimensionamiento de personal y de red de oficinas.


Excesiva cantidad de suelo comprado a precios disparatados agravaron el problema


Otra fuente de problemas fue la “grave distorsión en el mecanismo de fijación de precios de los activos, al aparecer una demanda muy agresiva en el volumen y absolutamente inelástica al precio, que ha creado una espiral inflacionista” en todos los activos, mobiliarios, inmobiliarios y materias primas.

Todo ello alimentaba un negocio bancario de apalancamiento total, como demostraba la cantidad de suelos comprados por los promotores españoles y el precio disparatado pagados por ellos.

Dada la “magnitud” de los saneamientos necesarios y la debilidad de las cuentas de resultados, prosigue el documento, no cabe una solución ortodoxa, como la de sanear los activos en dos o tres años.

Durante su declaración como testigo en el juicio, Ordóñez aseguró que “el Banco de España no lo sabe todo, ésa es la labor de los gestores”; al organismo le corresponde “detectar lo que no se ha hecho, pero no dice nunca nada; hay cosas que no entiendo ni cómo se hacen, entiendo la filosofía, pero hay que preguntar a quien lo hizo”.

Sobre la postura crítica de Casaus ante la situación de las cajas que dieron lugar a Bankia, explicó que “es como si me dicen que usted se va a morir a la salida porque le puede caer encima un teja, y muere, pero no por ese motivo“. EFE

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