Misión Espacial AIDA

El asteroide Apophis, una reflexión a favor de la inversión en investigación astronómica

Un investigador de la Universidad de Alicante alerta de que la falta de financiación en la carrera espacial podría poner en riesgo la vida sobre la Tierra

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Imagen de radar del asteroide Apophis aproximándose a la Tierra| UA

Ahora que el mundo entero acaba de ver que los agujeros negros que pronosticara Albert Einstein son reales nadie puede poner en duda la relevancia que, para la sociedad, tiene la Investigación Científica, con mayúsculas. En la Universidad de Alicante el profesor Adriano Campo Bagatin alerta de que la falta de investigación en la carrera espacial podría poner en riesgo la vida sobre la Tierra.

El investigador de la UA junto a la doctora del Instituto de Astrofísica de Canarias, Julia de León, son los dos investigadores que representan a instituciones españolas en el Equipo de Investigación de la Agencia Espacial Europea (ESA) para la misión espacial AIDA, en colaboración con la NASA. Este es el único intento por tratar de prevenir o mitigar los efectos de una colisión de un asteroide como Apophis, que cruzará nuestros cielos el 13 de abril de 2029, dentro de 10 años.


Las consecuencias de una colisión de un asteroide de ese tamaño descargaría una energía un millón de veces superior a la bomba atómica de Hiroshima


AIDA trata, por un lado, de comprobar la capacidad de desviación de un asteroide, misión de la que se encarga la parte estadounidense, denominada Dart y que está siendo implementada. Por otra parte está la misión espacial europea denominada Hera. Ésta es la encargada de medir los efectos de la colisión para interpretar su eficacia. Campo Bagatin informa que está estancada en fase de estudio.

Mientras la misión estadounidense se está encargando de ensayar una colisión sobre un asteroide de 160 metros de diámetros, el satélite natural del asteroide Didymos, los ministros responsables de los países europeos tienen que decidir a finales de este año si dotarán a la ESA de financiación suficiente para poder medir la colisión de Dart y poder así planificar cómo evitar en el futuro una posible colisión de un asteroide con la Tierra.

En estos momentos investigadores en universidades e institutos estatales, así como varias industrias del sector aero-espacial, están ya jugando un papel muy activo en esta misión. Dedicar recursos para la protección planetaria es, para el investigador de la UA, un tema nada desdeñable. España, que será la anfitriona del encuentro de ministros europeos donde se decidirá el futuro de esta misión espacial, en Sevilla en noviembre, “parece que aún no tiene una posición clara al respecto”. La aportación española para Hera será de “un café por contribuyente” repartido en todo el tiempo de duración de la misión, hasta 2026, sentencia Campo Bagatin.


Los ministros responsables de los países europeos tienen que decidir a finales de este año si dotarán a la ESA de financiación suficiente para la investigación


Dentro de diez años el asteroide Apophis cruzará nuestros cielos a una distancia de apenas 32.000 kilómetros de la superficie de la Tierra, por debajo de las órbitas de los satélites geoestacionarios de comunicaciones. Apophis mide unos 300 m de tamaño y desde hace unos años se sabe que no colisionará con la Tierra en un futuro cercano. Comparativamente hablando, Adriano Campo explica que la llegada de Apophis será “como si el monte Benacantil en Alicante pasara a veinte kilómetros por segundo y a una distancia de la décima parte a la que está la luna”. Se trata del mayor acercamiento realizado por cualquier asteroide de más de 50 metros de diámetro en el último siglo, y también el mayor acercamiento previsto en los próximos 200 años.

La colisión de un asteroide

Las consecuencias de una colisión de un asteroide de ese tamaño, que descargaría una energía un millón de veces superior a la bomba atómica de Hiroshima, son de difícil estimación. Si impactara sobre tierra firme, se formaría un cráter de varios kilómetros, excavando miles de millones de toneladas de tierra que acabarían en la atmósfera oscureciendo la luz solar durante meses. Además, el calor desarrollado en la colisión provocaría incendios que podrían multiplicar ese efecto. Si impactara en el océano, podría dar lugar a la formación de tsunamis de proporciones gigantescas.

En cualquier caso, el frágil equilibrio económico de nuestra civilización podría resentirse de manera catastrófica. El investigador de la UA alerta sobre la inexistencia, hoy en día de un plan para mitigar el riesgo de una posible colisión sobre la Tierra. “La gente piensa que ya hay algo pensado para mitigar este riesgo, pero no hay nada; esta misión está orientada a comprobar, en el caso de que fuera a impactar, una posible desviación a tiempo”. Adriano afirma que “una desviación a tiempo sí que se podría plantear… el problema es que si no sabemos calibrar qué efecto va a producir, no sabremos por dónde empezar”.

En cualquier momento puede descubrirse un asteroide destinado a aproximarse más todavía o incluso colisionar con la Tierra en las próximas décadas. En el rango de tamaños del asteroide Apophis se estima que sólo se conoce un veinte por ciento de tales objetos, declara Campo Bagatín, por lo que en cualquier momento se podría descubrir un cuerpo de varias decenas o centenares de metros en ruta de colisión con la Tierra. Precisamente, para poder preparar la manera de desviarlo es para lo que la misión espacial AIDA, la única que existe en estos momentos, ha comenzado.

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