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València, Capital Mundial del Diseño

De cómo el CEU se convirtió en la primera escuela universitaria de diseño

Manuel Bañó cuenta los avatares de la creación del centro y el largo elenco de grandes diseñadores que han salido de sus aulas

Manuel Bañó, profesor de la Escuela de Diseño del CEU desde hace 30 años

La cuarta entrega dedicada a la candidatura València Capital Mundial del Diseño pone el foco en la creación de la primera escuela universitaria de diseño en España. Una iniciativa que tuvo unos curiosos orígenes y que 30 años después puede presumir de un bien ganado prestigio. Hablamos de la hoy conocida como Escuela Superior de Enseñanzas Técnicas de la Universidad Cardenal Herrera-CEU con una de las personas que participó en el proyecto desde su fundación: Manuel Bañó y que 30 años después sigue impartiendo enseñanzas a las jóvenes generaciones.

P.- Tengo entendido que el origen de la Escuela fue más bien curioso.

R.- El protagonista de toda esta historia tiene nombre y apellido: Vicente Navarro de Luján que en aquél entonces recibió el encargo de ir abriendo lo que entonces era el CEU a nuevas enseñanzas universitarias.

La historia es que estaba un día viendo el informativo regional Aitana, en el que entrevistaban a un joven diseñador (entonces todos éramos jóvenes diseñadores). Mientras se producía la entrevista se le ocurrió que la carrera de diseño podría tener sentido dentro de la oferta pedagógica del CEU.


La creación de la Escuela tiene mucho del carácter valenciano: pensat i fet


Llamó a los estudios y pidió que le pasaran la llamada cuando acabara la entrevista que se estaba emitiendo en directo y, tras hablar con él, se encontraron ese mismo día. La conversación debió de ser muy positiva, porque allí mismo Navarro de Luján le encargó a Juan Montesa, el joven diseñador, poner en marcha los estudios.

Yo entré en el proyecto a través de Montesa, nos conocíamos, porque entonces éramos muy pocos los diseñadores industriales en aquella época. Los tres, Navarro de Luján, Montesa y yo, empezamos a montar la Escuela y contamos con Jordi Mañá que nos puso en contacto con las dos escuelas que entonces existían: Massana y Elisava en Barcelona.

P.- ¿Qué referencias os inspiraron en el proyecto?

R.- Nos gustaba mucho Art Center de Pasadena y el Royal College of Arts en Londres. Esos eran los modelos en los que, con el tiempo, nos queríamos convertir.

Las referencias más cercanas eran Elisava y Massana, sobre todo la primera.

P.- La escuela en sus primeros años estuvo adscrita a la UPV

R.- Ahí tuvimos la suerte de contar con el apoyo del entonces rector, Justo Nieto, que adscribió los estudios a la UPV. Una relación que se mantuvo hasta que la Politécnica creó su propia titulación de Ingeniería del Diseño.


De cómo dar rango universitario a una carrera que hasta entonces no existía


El nuestro fue un caso único, porque hasta entonces no existía una titulación oficial que contemplara los estudios de diseño de producto. Por un lado estaban las escuelas de artes y oficios, pero que tenían un nivel más enfocado hacia la artesanía que hacia la producción.

La adscripción duró hasta el año 2000, cuando nos convertimos en universidad y desde entonces el título es propio y oficial.

P.- A nivel académico era algo insólito

Interior de la Escuela en Alfara del Patriarca

R.- Desde luego, porque previamente no había nada oficial. No existía una titulación oficial anterior que tutelara los estudios. Luego sí, cuando el Ministerio homologó los estudios en ingeniería técnica en diseño industrial y ya éramos universidad. Nosotros ofrecíamos el título de ingeniero técnico en diseño industrial.

Luego el Ministerio eliminó los estudios de ingeniería técnica y los pasó al grado de ingeniería en diseño industrial y desarrollo de producto, que es la titulación que ahora impartimos.

Y ya más adelante ya se pusieron en marcha las escuelas de la UPV y de la UJI.

P.- Y se pone en marcha la primera promoción.

R.- En el curso 87-88, con una veintena de alumnos. Hay tengo que señalar que siempre hemos querido mantener un contacto muy cercano con los alumnos, con clases reducidas.

En los años de más demanda llegábamos a desdoblar las clases para no tener nunca más de 30 alumnos por aula, aunque lo normal es tener entre 20 y 25.

P.- El impartir los únicos estudios oficiales de diseño en la Comunitat Valenciana ¿influía en el perfil del alumnos?

R.- Sí se reflejaba. El 50% aproximadamente era de València. Más o menos el 30% del resto de la Comunitat Valenciana, teníamos un buen número de alumnos de Elche y también de Castellón por ejemplo. El 20% restante era del resto de España.

Teníamos un notable éxito en el País Vasco, porque allí no había escuelas por aquel entonces. Y todavía hoy tenemos alumnos vascos. También hemos tenido muchos estudiantes de Murcia.

Estamos hablando de hace 30 años y desde entonces han proliferado como setas las escuelas de diseño. Nosotros nos mantenemos en la dimensión que queremos, pero también en la que nos deja el mercado.

P.- En esos primeros años vuestros alumnos se hicieron un hueco en los concursos.

R.- Era muy divertido. Yo los preparaba y al final acabamos por tener un conocimiento profundo de la mecánica de los concursos. Sabíamos qué presentar para tener éxito: nuestra estrategia era salirse de los caminos trillados, jugársela con una propuesta que gustara mucho o no gustara nada. Lo que yo llamaba “la bordada fantasma”.

Teníamos una buena cantera, era fácil. Así empezaron a darse a conocer, a través de los concursos, diseñadores como Víctor Pinto -que durante unos años los ganaba todos-, Alberto y Pepe, de Cul de Sac…

P.- Luego se pusieron en marcha los másteres.

R.- Cuando pasamos a ser ingeniería técnica, con tres años de estudios, nos parecía que era poco tiempo para impartir todo el conocimiento necesario. Se daba una buena base, pero faltaba especialización.

Así surgieron los cursos máster para completar esa formación.

Fuimos pioneros en ofrecer la especialización en automoción, con muchísimo éxito. Tenemos ex alumnos en todas las empresas de automoción de Europa. Luego dejamos de ofertarla, supongo que por temas de rentabilidad, y hoy en día la imparten la UPV.

Ahora, con los cuatro años, damos una formación de base muy completa que puede desarrollarse también hacia diseño gráfico y packaging.

Actualmente ofertamos especializaciones en diseño gráfico, diseño de mobiliario, producto e interiorismo, éste último también muy relacionado con el grado de arquitectura que se imparte en la escuela.

Siempre hemos buscado esta relación entre los dos grados. De hecho, las dos casas solares que construimos para participar en la competición Solar Decathlon se hicieron en estrecha colaboración y ahora estamos trabajando en un proyecto en África.


El profesorado pasado y actual, el secreto del éxito


P.- ¿Cuál es el secreto del éxito de la escuela?

R.- Gran parte de lo que es la escuela del diseño del CEU son los profesores que han participado en la formación de los alumnos a lo largo de estos 30 años.

Hemos tenido y tenemos la grandísima suerte de tener como profesor a Vicent Martínez. Como profesores han pasado por las aulas Nacho Lavernia, José Juan Belda, Eduardo Albors, Sandra Figuerola, Héctor Serrano, Raúl Edo, Xavi Calvo, Modesto Granados … todos ellos son protagonistas de la escuela que tenemos hoy en día.

Sin olvidar a los que siguen dando clase hoy en día, Manolo Martínez Córcoles, Teresa Ferrer, Sara Barquero, Borja García, Cristina Ventura o José Francisco Sánchez, que con su trabajo han propiciado que la escuela, treinta años después, sea un referente del diseño en España.

Y te digo más, cuando nuestros alumnos van a estudiar a otras escuelas de mucho prestigio, como el Royal College of Arts o la escuela de Pasadena, les reconocen su buena formación.

Ron Arad, cuando seleccionaba a los candidatos a estudiar en el RCA de Londres, puso por escrito que los alumnos del CEU le sorprendían. Hemos conseguido que nuestros estudiantes salgan con un nivel internacionalmente reconocido.


El mayor éxito de la Escuela, sus alumnos, que tienen un nivel profesional internacionalmente reconocido


P.- ¿Qué momentos estelares destacarías de la trayectoria de la escuela?

R.- Los momentos más bonitos son cuando los alumnos destacan, vivimos sus logros como logros personales nuestros.

Es una alegría cuando nuestros ex alumnos logran una proyección internacional: Héctor Serrano, Cul de Sac, Inma Bermúdez, Nacho Timón, Santiago Sevillano, Clara del Portillo, Marcelo Alegre, Alberto Cienfuegos …

Tenemos un altísimo índice de colocación de alumnos en actividades de diseño y hay muchos nombres que no son conocidos porque trabajan en empresas y no trasciende su nombre, pero son grandes profesionales, como es el caso de Jorge Díez, jefe de diseño de exteriores de Audi y Seat.

Para mí han sido 30 años de éxito. Es todo un logro que durante todos estos años la escuela mantuviera un nivel importante y diferenciado respecto a otras escuelas.

P.- Hoy día ¿en qué punto se encuentra la escuela?

R.- Hay mucha competencia y eso nos obliga a esforzarnos mucho para ir siempre un paso por delante. Por ejemplo, lo que antes era la escuela de artes y oficios, la ESAD, ha evolucionado mucho y está ofreciendo unos estudios con muy buen nivel.

Y, por supuesto, la UPV, aunque la enseñanza tiene un enfoque mucho más ingenieril y menos de producto. Su visión del diseño es diferente a la nuestra, que es más creativa.


Argumentos para defender la candidatura de València, Capital Mundial del Diseño


P.- Por último ¿Qué argumentos expondrías para defender la candidatura de València Capital Mundial del Diseño?

R.- La palabra clave sería cohesión. València tiene una dimensión que nos permite conocernos a todos. Somos una piña, no hay divergencias ni enfrentamientos. Eso es un valor de los diseñadores valencianos y siempre ha sido así.

Siempre hemos trabajado los unos por los otros.

Somos gente muy versátil, una versatilidad que procede de una mente abierta y muy creativa. Somos capaces de trabajar muy cerca de la artesanía y, a la vez, pegados a la tecnología.

Creo que el diseño tiene que apoyarse en una cierta identidad, una identidad que se está perdiendo con la globalización. Con la candidatura tenemos que ser capaces de vender nuestras raíces, qué nos mantiene pegados a la tierra, sacar partido a lo local sería un gran valor a aportar.

La vertiente solidaria del diseño

P.- Al margen de la formación reglada, ¿qué otro tipo de actividades desarrolláis?

R.- Cada cambio de semestre hacemos el CreaFest, unas jornadas de comunicación en el que participan alumnos actuales y ex alumnos ya con una trayectoria profesional. En esas jornadas se presentan proyectos de una forma rápida.

Ahora estamos preparándonos para la competición Shell EcoMarathon, una carrera de resistencia y consumo, que consiste en circular el mayor número de kilómetros con la menor cantidad posible de combustible con un vehículo que hemos diseñado aquí, puede funcionar con paneles solares o con pila de hidrógeno.

Estamos buscando patrocinadores, porque mover un equipo de 10-12 personas es caro.

Y luego tenemos el Free Design Bank, un proyecto que dirijo yo y que se centra en proporcionar conocimientos de diseño para que quiénes lo reciben puedan mejorar su nivel de vida. Lo desarrollamos en África; ya hemos estado en Sierra Leona, Kenia, Mali … el mes que viene nos vamos a Senegal con un grupo de alumnos.

Ahí lo que pretendemos es dar al diseño una dimensión social, que sirva para mejorar la vida de las personas y que les sirva también para montarse un negocio que les permita ganarse la vida. Es nuestra forma de decir que la alternativa a la emigración no es una valla, sino un trabajo que les permita vivir en su casa.

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