Expertos de la UJI ven en la biodiversidad agraria una herramienta contra las plagas

La investigación constata que el calentamiento global influye en la calidad de los productos agrarios e influye en el crecimiento de plagas agrícolas

Vicent Arbona (izquierda) y Miguel González Guzmán trabajan en el proyecto dirigido por el catedrático Aurelio Gómez.

Un estudio de la UJI apunta que la biodiversidad agraria es una buena herramienta para combatir las plagas que amenazan a los cultivos. En el mismo se apunta que el calentamiento global del planeta influye en la calidad de los productos agrícolas y está en el origen de las plagas.

Del informe de los investigadores del grupo Ecofisiología y Biotecnología se desprende que la conservación de variedades tradicionales mejora los efectos del déficit hídrico y frena los daños ocasionados por la araña roja.

Esta investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista científicas “Frontiers in Plant Science” ha sido desarrollada por el Departamento de Ciencias Agrarias y del Medio Natural de la UJI y el Laboratorio de Entomología Agrícola Interacción Planta-Insecto del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC en Madrid. Los investigadores han estudiado la influencia del déficit hídrico sobre la capacidad invasiva y de infligir daño de la araña roja en plantas de tomate de variedades autóctonas de las Islas Baleares.

Miguel González Guzmán, del grupo de Ecofisiología y Biotecnología, apunta que se ha hecho “un análisis de los factores fisiológicos de la planta que afectan a la interacción planta-ácaro y hemos observado, en concreto, que la acumulación de azúcares y aminoácidos como consecuencia de la carencia de agua tiene un efecto positivo sobre el crecimiento y el desarrollo de la araña roja”. Él es junto con el profesor Vicent Arbona y el catedrático Aurelio Gómez Cadenas, uno de los investigadores.

Este efecto positivo, además, según Gómez Cadenas- director del grupo de investigación- “va acompañado de la alteración de los niveles de la hormona ácido abscísico, responsable de la respuesta a sequía, y de la reducción de la actividad de determinados inhibidores de proteasas, proteínas de defensa implicadas en la protección de la tomatera ante el ataque de la araña roja”.

Los resultados del estudio apoya el empleo “de variedades tradicionales de tomate muy adaptadas a las condiciones mediterráneas como fuente de variabilidad para la producción de genotipos con mayor tolerancia a la sequía y el ataque de plagas”, apostilla González Guzmán.

Durante el proyecto los investigadores de la UJI han observado un cambio significativo en las condiciones climáticas causadas por el calentamiento global que, “además de tener un efecto significativo sobre la producción y calidad agrarias, también influyen sobre los parámetros de crecimiento de distintas plagas agrícolas como, por ejemplo, la araña roja”.

Este arácnido “es capaz de infestar casi cualquier cultivo, entre los que hay especies hortícolas como el tomate o frutales como los cítricos. Se alimenta del contenido celular de los vegetales y el daño que inflige a los cultivos es notable y afecta al crecimiento y capacidad reproductora, o también reduciendo la viabilidad económica de los frutos“, afirma Arbona.

El efecto nocivo de la araña roja se ve agravado por las condiciones climáticas adversas como la sequía y, dado que en condiciones de campo, estas suelen tener lugar de forma conjunta, se hace necesario el estudio combinado del efecto de la araña roja sobre los cultivos en condiciones de sequía para luchar contra la reducción de la producción y la calidad de nuestros cultivos debido a las condiciones climáticas adversas por el cambio climático.

Las líneas de trabajo del grupo de investigación Ecofisiología y Biotecnología buscan las respuestas y los mecanismos de tolerancia de los cítricos y otros cultivos a los estrés abióticos y bióticos y a su combinación, como las sequías, las inundaciones, la salinidad o la infestación por la araña roja, y su control hormonal. Además, aplican técnicas de biotecnología como el cultivo “in vitro” y determinan los cambios metabólicos de las plantas en respuesta al estrés.

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