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Carlos Ledó, fundador y director general de Idai Nature

“Si enseñas a alguien a curar una planta de manera natural, ya no vuelve a lo químico”

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En el Reino Unido, el ingeniero agrónomo Carlos Ledó (València, 1974), observó que las frutas cultivadas con fertilizantes químicos mostraban un aviso para el consumidor. En España, y en otros países, pasaba lo contrario: se marcaban los productos 100 % orgánicos. “Eso no tenía lógica”, cuenta. “Hay que avisar de lo que lleva veneno, de lo natural no hay por qué. Enseguida me di cuenta de que era un modelo insostenible”.

En 2009 fundó Idai Nature con el viento en contra, aferrado a la convicción de que el mundo podía cambiar en muchos aspectos, pero las personas tenían que saber qué contenía en realidad aquello que consumían pensando que era sano. Hoy, Idai Nature es líder mundial en fertilizantes naturales. Ha sido pionera en fortalecer no solo los valores empresariales innovadores, sino los intangibles que han ganado protagonismo tras la crisis. Su visión es global y está presente en 34 países. Idai fue elegida Mejor Pyme Española en 2016. Los premios, nacionales e internacionales, siguen lloviendo en tierra fértil.


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– Es ingeniero agrónomo por la UPV. ¿Fueron estudios vocacionales?

– Sí, a mí siempre me ha gustado mucho la agricultura y su relación con la alimentación. En mi época, parecía que quien estudiaba agrónomos era porque no podía estudiar otra ingeniería. Tenía nota para haber estudiado cualquier otra cosa, pero cuando se estudia lo que te gusta, se le ponen ganas al ser tu pasión y es más probable tener éxito. Además, todos los días tenemos que alimentarnos y eso no va a cambiar. Puede que las máquinas las hagan los robots o las telecomunicaciones se transformen, pero tenía claro que en el mundo, la alimentación seguiría siendo lo más necesario.

– Aunque nos adelantemos un poco, ¿al entrar en la carrera ya tenía la idea de la innovación en mente?

-Ya tenía espíritu emprendedor, quería ser diferente y hacer cosas nuevas.

– ¿Qué pasó entre los estudios e Idai Nature?

– Venía de una familia de clase media y mientras estudiaba, siempre estuve trabajando: en BUP repartía flyers para discotecas, y durante la carrera ya tenía un local de ocio propio en la zona de la Avenida de Aragón.
Mientras estudiaba, creé una empresa de jardinería. Cuando nada en los comienzos es fácil, se valoran más los principios personales, como la humildad, el esfuerzo, el sacrificio… con lo que la “toma de tierra” no se pierde nunca. Es una suerte, porque también facilita el tener perspectiva siempre, crecer en valores, no solo en tamaño y, a la larga, permite que se pueda tener un equipo estable y leal.

– ¿Ha conocido el fracaso?

– Claro. Tuve que cerrar la empresa de jardinería pese a que llegó a ir muy bien. Éramos unos 14 jardineros, yo me incorporaba los fines de semana, porque aún estaba estudiando.

En el boom de la construcción, para vender las fincas más caras, proliferaban los jardines. Pero al estar tan asociados a la burbuja del ladrillo, la crisis se nos llevó. Se empezó a ahorrar en todos los bienes que no fueran estrictamente necesarios. El jardín, obviamente, no era uno de ellos. Me quedé con personal, furgonetas y maquinaria parados. Entonces supe lo que era el ruido del éxito y el silencio del fracaso. Ese silencio que le rodea a uno cuando se queda solo y que obliga a reflexionar. En qué se ha fallado, qué se puede hacer para mejorar… No vale decir “es que ha sido una crisis”, es necesario examinarse a uno mismo.

Así llegué a la conclusión de que mi modelo de negocio no se había adaptado a un mundo que estaba cambiando quizá irreversiblemente. Me di cuenta de que tenía que aportar más valor a la cadena. Si se aporta algo a la cadena de valor pero el cliente no lo percibe, ese valor es nulo. Creo que hacía unos jardines de mucha calidad. Pero si no se aporta nada más, se es fácilmente sustituible. Entonces solo valía el jardín barato ya que al cliente le daba igual todo lo demás. Entendí que es más fácil adaptarse al cliente que al revés, que el cliente se adapte a uno.

Innovación inspirada en el pasado

– Me parece un ejemplo muy ilustrativo del cambio de paradigma que se ha producido tras la crisis.

– Poner el foco en el cliente me vino muy bien para Idai Nature. Eso ha sido lo que me ha hecho esforzarme y de ahí también surge la innovación, el valor de ser diferente. Ya decía Coco Chanel que para ser irremplazable tienes que ser siempre diferente.

– En la web de Idai Nature, figura como punto de arranque 2009, en una diacronía casi mareante por la cantidad de hitos que acumulan en tan poco tiempo. ¿Cuál fue la idea antes de arrancar?

– En jardinería comprobamos cómo se valoraba el no dejar residuos químicos en las plantas. Muchos clientes tenían niños pequeños o animales domésticos y no querían esos productos por si el niño o la mascota se intoxicaban.

– ¿De ahí viene el origen de los estratos naturales que son el core de Idai Nature?

– En parte de ahí. Pero también, cuando estudiaba, hice prácticas en una empresa de productos químicos donde me entró el gusto de la mezcla. Vi que soy buen “cocinero” de mezclas de productos. Siempre he sido muy curioso. Leí en libros antiguos de agricultura que pulverizaban con leche las viñas, porque esta lleva caseína (proteína de la leche). Nos pusimos a trabajar con ella, con los métodos actuales de extracción, sin echar leche entera, solo caseína, luego le añadimos otro producto natural para arreglar el pH…

– Entonces, ¿se inspiró en la Historia?

– Era volver al origen sin retroceder. Cosas que se hacían de toda la vida. Se trataba de ver el por qué de todo lo que nos habían dicho nuestros abuelos o bisabuelos. Siempre hay que ser curioso, porque muchas veces no se trata de ser más listo que nadie.

– Digamos, no esperar a que se encienda la bombilla ella sola. Si no que se instalan los cables y el interruptor primero…

– Esa curiosidad hace que se genere una cantidad tremenda de datos todos los días y si estos se van procesando e interrelacionando entre ellos, al final se obtienen muchas posibilidades de crear cosas nuevas.
Empecé solo. Metía los productos en un cubo de basura grande, los mezclaba, llenaba una jarra, los aplicaba y observaba qué funcionaba y qué no.

– Pero, ¿eso no era dar bandazos?

– Hay que mentalizarse y disfrutar del camino.

– Hay que creer mucho en uno para aguantar esa situación.

– Me repetía que el modelo era insostenible, no podría ser que nos siguiéramos comiendo lo que nos comíamos sin preguntarnos qué lleva. Al comer una lechuga parece que porque sea verde tiene que estar sana y la mayoría de las veces no es así. ¿Cuánto tiempo hace que no se ve un gusano en una manzana? Ocurre que los venenos de hoy en día van por el jugo. Se meten en el riego por goteo y entonces todo el jugo lleva veneno. Da igual lavarla que no. Eso no podía ser sostenible. Era imposible que se siguieran comiendo esos alimentos mirando hacia otro lado.

Tenía claro que mucha gente quería consumir orgánico pero había poca oferta y el coste era muy superior. Pensé que si era capaz de crear una tecnología que produjera la cantidad del convencional con la calidad del ecológico, el éxito era seguro. Al mismo precio, se consumiría sin residuos. Ningún agricultor aplica productos químicos porque quiere, sino porque no sabe hacerlo con naturales. Si nos pudiéramos curar un constipado con una manzanilla no nos tomaríamos antibióticos. Por eso, nuestra tecnología crea adeptos, porque cuando a alguien le enseñas a curar una planta de manera natural, ya no vuelve a la química. Además, se sienten especialmente orgullosos por dejar un mundo mejor a sus hijos.

¿Todos son innovadores?

– Quisiera reflexionar sobre qué entiende por “empresa innovadora”. Es raro que una empresa, hoy, no se autocalifique así. Lo mismo digo de la sostenibilidad. ¿Qué eran estos conceptos en 2009? Aún no llega a completarse una década, pero en realidad es mucho más, porque el paradigma económico ha cambiado.

– Antes, la palabra clave era calidad. Idai Nature es I+D+i agrícola. Idai significa Investigación y Desarrollos Agrícolas Innovadores. Quería acordarme todas las mañanas de cuál era mi foco.
Hice un curso de posgrado en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), y me quedé con dos cosas: Focus-Focus-Focus y Go Big Or Go Home. Hazte grande o vete a casa. Eso fue en 2011. Es curioso que los americanos proporcionalmente emprendan menos, pero luego las empresas se hagan más grandes. En España, cuando el emprendedor ya vive bien, deja de crecer. Se llega a una facturación de 2-3 millones y ya se para, piensa que para qué seguir arriesgando. Cuando se tiene el foco en uno mismo, se detiene. Cuando se tiene el foco apuntando al exterior, en contribuir a dejar un mundo mejor, a crear empleo estable y de calidad, se sigue motivado y se crece.

– Cuando se piensa en innovación, normalmente se relaciona con la digitalización. Sin embargo, la I+D agroalimentaria parece olvidada. Cuesta relacionar una cosa con la otra.

-Parece que si se emprende en un sector que no sea el TIC, sino a un nivel industrial que genera gastos en personal, superficie, etc. se es poco inteligente. Ese modelo de emprendimiento parece que sea ir hacia atrás. Es evidente que el sector agrícola es muy inmovilista, como si estuviera todo inventado. Innovar en un sector inmovilista, como si estuviera todo inventado. Innovar en un sector inmovilista aporta un plus de dificultad.

– ¿Cómo se vence ese inmovilismo?

– Con constancia, muchas veces demostrando dos veces que las cosas funcionan. Cuando un producto nuestro le funciona a alguien que no lo espera, piensa que hemos tenido suerte, que ha sido cosa del clima… Entonces, le convencemos de volverlo a aplicar. Y siempre digo que hemos tenido la suerte de tener que hacer las cosas dos veces bien para que nos cuente como una. Eso nos ha exigido que los productos tuvieran que ser todavía mejores: necesitamos demostrar de forma muy evidente que funcionan. Esa suerte de que los orígenes fueran complicados ha hecho que ahora, cuando ya tenemos una marca posicionada en el ámbito internacional, crezcamos mucho más rápido.

Internacionalización a la inversa

– Otro término clave de la nueva economía es la internacionalización. Idai Nature algo tendrá que decir, ya que está en más de 30 países.

– Para nosotros internacionalizarnos no fue algo voluntario. Cuando empecé, los bancos no me daban dinero porque no tenía ningún grupo detrás que me apoyara. Tuve que salir de España y traer dinero. Vendimos en Turquía. Con esas ventas, conseguí una carta de crédito y así sucesivamente.

– Una especie de internacionalización a la inversa.

– Esa financiación nos trajo una buena racha de ventas y nos ayudó a generar marca. Entonces sí que conseguimos crédito y empezamos a crecer. Fue una necesidad.

– Idai Nature da la impresión de ser un símbolo de todo el cambio de paradigma económico, aunando características de una etapa y otra.

– Es importante crecer en tamaño y en valores. Idai ha crecido en ambas cosas, lo que nos lleva a no perder el foco y que todos estemos alineados con esta propuesta de valor armónicamente: respeto, honestidad, compromiso. Valores personales trasladados a la parte empresarial. Para mí, parte de la clave del éxito. Somos una empresa con valores para personas con inquietudes.

– Intangibles muy cotizados en este momento.

-Quizá en el tipo de empresa anterior no se tuvieran tan en cuenta. Habría de todo, pero nosotros ya arrancamos con una ética laboral. Aquello tampoco era sostenible.

– Existe un problema grave de relevo generacional, parece que nadie quiere dedicarse al campo en las condiciones actuales.

– Habrá un cambio generacional aparejado a un cambio de modelo de negocio. El agricultor, que es el que arriesga, tiene que ser el que más gane. Por eso se habla de comercio justo, de venta directa. Detecto que ya hay gente joven comprando parcelas con idea de hacer las cosas diferentes, vender naranjas ecológicas, producir de otra manera y para eso sí que hay mercado. El mundo va hacia lo que estamos haciendo nosotros, a una alimentación más sostenible y respetuosa con el medioambiente. Tenemos mucho recorrido futuro, solo estamos empezando. Esto es una propuesta global y existe mucho por hacer. En pocos años, todos los agricultores usarán productos naturales.

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