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Javier Gandía (Bodegas Vicente Gandía)

“Hemos democratizado el consumo del vino, rompiendo la seriedad que le rodea”

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Javier Gandía, director general de Bodegas Vicente Gandía

A pesar de sus 130 años de historia, la exportación, la innovación y la orientación al consumidor, son tres principios que han estado presentes en el ADN de Bodegas Vicente Gandía desde sus inicios. Unas cualidades que se han preocupado por mantener las tres generaciones anteriores y que siguen guiando a nuestro protagonista, con esas nuevas y exitosas pinceladas que ha ido incorporando esta nueva generación, como la elaboración de productos atípicos dentro del mundo vino. Un buen ejemplo de ello es Sandara, que está teniendo una muy buena acogida en mercados tan dispares como Estados Unidos o Japón. Hay más ejemplos.
Pero las inquietudes de los dirigentes de Bodegas Gandía van más allá del mundo del vino y han creado Casual Investments para diversificar el negocio e invertir en otros sectores, como la medicina o la industria.

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¿Cómo fueron los inicios?

– El negocio se fundó en 1885 por mi bisabuelo, Vicente Gandía Pla (Agullent) que comenzó a trabajar en una bodega francesa en el Puerto de Valencia. La plaga de la filoxera (s. XIX), que arrasó los viñedos franceses y se extendió a otros países europeos, provocó que muchas bodegas francesas se establecieran en el Puerto de Valencia para elaborar vinos de la Comunitat y exportarlos por barco hasta Burdeos. Mi bisabuelo comenzó y aprendió el negocio en una de estas compañías y cuando ya tenía los conocimientos suficientes sobre cómo producir el vino, fundó nuestra compañía en el Grao de Valencia, en la calle Maderas.

 

En aquella época destacamos por comercializar los vinos en barricas mientras que el resto lo hacía a granel. Seleccionábamos las mejores barricas con un vino de alta calidad y se las vendíamos a todos los países productores de vino: franceses, suizos, italianos y alemanes. Con lo que él fue quien inauguró el negocio y el que desarrolló diferentes canales de venta.

– ¿Quién toma las riendas después?

– Mi abuelo, José María Gandía Ferri, justo en la Guerra Civil española. Él era médico y, en principio no estaba interesado en el negocio pero la visita de los hospitales le afectó tanto que se decantó por el vino.  Gracias a esta decisión, el negocio continuó y se extendió más en el ámbito internacional. En la década de los 50, la comercialización de vino en barrica dejó de funcionar, estuvimos a punto de cerrar pero hubo una mala cosecha en Francia que nos salvó y propició que las exportaciones de vino español despuntaran.

Mi abuelo consiguió que la bodega se expandiese a más países y que sobreviviera en épocas tan difíciles como la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, cuando nuestros clientes eran europeos. ¡Lo pasamos mal!

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– ¿Y la tercera generación?

– A finales de los años 60 se incorpora mi padre, José María Gandía Perales que estudió en la Escuela de Comercio en Suiza.

Uno de los grandes hitos de esta etapa fue la comercialización de vino embotellado (1971), convirtiéndonos en la primera compañía de la Comunidad Valenciana en llevarlo a cabo. Hasta esa época, prácticamente todos los vinos que se hacían en España, excepto algunas excepciones en Rioja, se vendían en cooperativas, garrafas… no había una cultura del vino de calidad embotellado como ahora.

La primera marca que lanzamos fue Castillo de Líria. Mi padre convenció a mi abuelo para que invirtiese en una línea de embotellado en la calle Maderas porque él lo veía como el futuro. Esta iniciativa, que comenzó como un experimento, la comercializamos entre la red de clientes que compraban el vino en barricas y lo que comenzó como un experimento acabó siendo un éxito. De hecho, en España comenzó a comercializarse vino valenciano gracias a Castillo de Líria.

A principios de los años 80 y gracias al crecimiento de Castillo de Líria, las instalaciones de la calle Maderas se quedaron desfasadas y mi padre, con mucha visión, decidió que había que establecerse en una zona muy vinícola como era Utiel-Requena y a un paso del Puerto de Valencia. Mi padre compró estos terrenos en Chiva, donde está nuestra sede social. Las instalaciones de Chiva, donde hoy contamos con 72.300 m2, comenzaron a construirse a mediados de los 80 en tres fases: en la primera de ellas se edificaron los depósitos de elaboración, después la línea de embotellado y, por último, las oficinas. En 1992 nos trasladamos a estas instalaciones.

En 1986, con la incorporación de España a la Unión Europea comenzamos a vender vino embotellado a Alemania, Bélgica, Holanda, Escandinavia, etc.

A partir de este momento, se incorpora la cuarta generación y el siguiente paso natural fue la elaboración de vinos de alta calidad.

– ¿Cuándo se incorpora Hoya de Cadenas al proyecto?

– Siempre hemos sido una bodega muy innovadora y en aquel momento teníamos dos opciones: o irnos a La Rioja o a la Ribera del Duero e invertir en una bodega allí o hacer vino valenciano de alta calidad y nos decantamos por esta última opción. A partir de este momento buscamos zonas donde la climatología y los suelos cumplieran los requisitos para elaborar este vino de alta calidad y encontramos en Hoya de Cadenas el sitio ideal para hacerlo.

En este enclave había 75 hectáreas plantadas de Bobal y Tempranillo, variedades que complementamos con otras foráneas como Chardonnay, Souvignon blanc, Merlot y Cabernet Sauvignon, entre otras. De ahí pasamos de las 75 hectáreas a las 350 actuales. Construimos una bodega y la sala de crianza, la más importante de la Comunidad Valenciana que, dependiendo del año, alberga de 10.000 a 15.000 barricas.

Con el proyecto de Hoya de Cadenas, que se completó entre 2001-2003, comenzamos a elaborar vinos de alta calidad como Hoya de Cadenas, Ceremonia, Generación 1, Miracle, Bo Bobal…, vinos de altísimo nivel comparables a los mejores vinos del mundo y que se comercializan a los 90 países donde exportamos.

La capacidad de producción de Hoya de Cadenas en depósitos es de 12 millones de litros y en estos momentos elaboramos unos ocho millones.

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– ¿Cómo fue la venta y elaboración de vinos de autor?

– Al principio fue difícil porque había que abrirse camino. Hace 20 años, los vinos valencianos no tenían la calidad actual pero, gracias a inversiones y a tomar las decisiones adecuadas… se han conseguido muy buenos vinos. Ahora el vino valenciano es un éxito, aunque todavía falta mucho por hacer.

– ¿Cuál fue el siguiente paso?

– Abrirnos a otras zonas del territorio español. Como una de las bodegas principales de España, -actualmente nos encontramos en el puesto número 15- necesitábamos contar con una oferta de productos de otras zonas que nos permitiera dar un servicio integral a nuestros clientes. Por ello, contamos con un portafolio con diez denominaciones de origen –Priorat, Rías Baixas, Ribera del Duero, Rioja, Rueda, Cava, Vinho Regional Alentejano y las valencianas –DO Valencia, DO Utiel-Requena y DO Alicante–, aunque el 80 % de nuestra venta corresponde a vino de la Comunidad Valenciana.

– ¿Cómo se articula el estar presente en estas diez denominaciones de origen?

– El éxito de cualquier vino es su materia prima: la uva. Si tienes la materia prima y el know how, donde lo hagas es lo de menos. Lo que hacemos es alquilar bodegas en diversas zonas de España donde llevamos nuestra uva y elaboramos nuestra marca para comercializarla en el ámbito internacional. Tenemos acuerdos en estas zonas y controlamos todo el proceso de producción, que es lo importante.

– Además de las instalaciones de las que hemos hablado, ¿la compañía cuenta con otras propiedades?

– Además de Chiva –almacén, embotellado, oficinas y elaboración de vino–; Hoya de Cadenas –viñedos, elaboración y crianza–, tenemos en el interior de Alicante 100 hectáreas de Monastrell principalmente y en la DO Valencia, otras 50 hectáreas más. En total, son 500 hectáreas, incluyendo las 350 de Hoya de Cadenas.

Desde hace cinco años y con el fin de estar más cerca del mercado estadounidense, hemos constituido la filial Vicente Gandía USA, 100 % Bodegas Vicente Gandía que se dedica a la comercialización de vinos y está obteniendo muy buenos resultados. De hecho, vendemos 1.200.000 botellas de productos como Sandara, Hoya de Cadenas, el cava y la garnacha con Miracle, una variedad que gusta mucho.

– ¿Con 500 hectáreas cubren toda su producción?

– Un tercio de nuestra capacidad productiva lo compramos en uva, un tercio en vino y otro tercio lo elaboramos con nuestra propia uva. En total producimos en torno a 25 millones de botellas anuales. En el mundo del vino, lo lógico es comprar la materia prima pero lo más importante es controlarla. Para ello, contamos con un equipo de siete enólogos que asesoran a los agricultores, con los que hemos establecido acuerdos para comprarles la cosecha, sobre cómo cuidar la viña, para que esta cumpla unos mínimos de calidad.

En total, controlamos 4.000 hectáreas. Muchas de ellas están en La Rioja y en Ribera del Duero, entre otras zonas.

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