Perlas para el verano

El verano no es tiempo para grandes proezas. Es etapa de luminosidad y descanso. Para saber en cuánta medida es así, solo debemos experimentar qué desgracia supone no tener vacaciones estivales. Cuando la lectura se convierte en una de las actividades más habituales del verano, hay que sopesar muy bien, primero, que no suponga un trabajo y, segundo, que tengamos un lugar refrescante para llevarla a cabo.

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2017-junio-culturart-libro_abierto-Las-consecuenciasDeberemos huir de la insensatez que supone leer un libro excesivamente largo, porque la lectura puede resultar adictiva, incluso apasionante, y esto nos resta tiempo para otras saludables actividades. El exceso siempre es un mal camino y resulta muy triste agotar las vacaciones con la única satisfacción de haber leído un libro, aunque se trate de una obra maestra.

Leer también tiene su climatología y los libros largos y adictivos son propicios para el invierno, cuando el frío o la tempestad nos obligan a refugiarnos en casa. Por lo tanto, hay que agudizar la estrategia para seleccionar qué vamos a leer, cuándo y dónde.

Yo propongo leer en verano libros cortos, pero con mucha cafeína. Sorbos de lectura breve que nos dejen satisfechos. Uno de ellos, recién salido a las librerías, es el del poeta valenciano Carlos Marzal, que tiene por título ‘Las consecuencias de no tener nada mejor para perder el tiempo’, publicado por Frida Ediciones. Marzal es uno de los poetas más relevantes de la denominada Generación del 60, y aunque también ha publicado relatos, novela, ensayos y artículos, su músculo fuerte sigue siendo la poesía. De hecho, en 2002 obtuvo por su libro ‘Metales pesados’ el Premio Nacional de Poesía y el Premio Nacional de la Crítica, ambos editados por Tusquets.

De ahí que este volumen se encuentre habitado por figuras retóricas, malabarismos verbales para expresar pensamientos poco trajinados. Se adentra así en el mundo de los aforismos, un género que también practica con habitualidad, del que ya dio a la imprenta ‘La arquitectura del aire’, 2013, también en Tusquets Editores.

El aforismo es una expresión breve, con voluntad estética y contenido profundo. Utiliza un sinnúmero de recursos retóricos, pero en Marzal el más habitual es la paradoja. Consiste en una propuesta inicial que lleva, por el arte de birlibirloque, a una conclusión opuesta. Es el caso del siguiente: “La ausencia de planes es un plan de lo más ambicioso”. Esta no es una regla fija y muchos de sus aforismos adoptan otras construcciones formales.

El aforismo tiene en su esencia la búsqueda de la originalidad, tanto semántica como expresiva. Por eso, muchas veces nos deslumbra y nos llama la atención que la verdad revelada estaba ya en nuestra conciencia, pero no la habíamos sabido formular.

Veamos un ejemplo muy breve y original: “La esperanza es la mitad de la aspirina”. La otra mitad, claro, está en nuestra conciencia. Los temas saltan de uno a otro sin un orden establecido. Así, advertimos en este un asunto distinto: “El único hombre libre es el que hace las cosas sin cobrar, porque puede dejar de hacerlas cuando quiera”.

Los aforismos de Carlos Marzal son perlas salpicadas de humor, acidez, ironía, autocrítica, locura y sensatez y revelan una mente capaz de hacer literatura con cualquier tema. Este es un libro aconsejable para las vacaciones. Puede usted leerlo de una vez o a saltos. Si se queda con ganas acuda al primero de este género que publicó, y que hemos citado anteriormente. Hágame caso: el verano no es tiempo para buscarse problemas.

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