La Feria, motor del cambio en Valencia

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La Feria Muestrario de Valencia tuvo como sede un edificio propio, situado en el Llano del Real, entre los años 1922 y 1968. Si en 1917 celebró su primera edición en la Estación del Norte, que estaba sin inaugurar, en 1918 utilizó el espacio de la vieja estación ferroviaria, en la plaza de San Francisco. Pero la rápida demanda de espacio expositivo determinó la necesidad de contar con una sede propia; de modo que en la edición de 1922 ya utilizó instalaciones situadas en el Llano del Real, donde muy pronto contaría con un recinto fijo.

Después de los periodistas valencianos, que comenzaron a construir chalés en cooperativa en el arranque del Paseo al Mar, la Feria fue pionera a la hora de “dar el salto” a la orilla izquierda del Turia. En esa “valentía” urbanística, en realidad, fue seguidora de la Exposición Regional, que en 1909 marcó el rumbo del desarrollo urbano y se ubicó al norte de la Alameda con gran éxito de público. En realidad, antes ya se había ensayado ese paso con otras exposiciones regionales, ubicadas en el antiguo convento de San Juan de Ribera, en 1867, y en los Viveros, en 1883.

La Feria de Valencia, pionera en España, alcanzó en 1921 la calificación de feria oficial; ese mismo año obtuvo la cesión de suelo por parte del Ayuntamiento, en las inmediaciones del palacio de Ripalda. En el año 1925 pudo gozar de la consideración de internacional por declaración del Gobierno.

José Grollo Chiarri

José Grollo Chiarri

En 1922, la zona que hoy delimitan General Elío, el Llano del Real y Blasco Ibáñez fue utilizada como Feria Muestrario. El jardín de Monforte y el palacio de Ripalda eran sus vecinos más cercanos. La cesión por la Diputación al Ayuntamiento de los Jardines del Real y la mejora y apertura al público de este parque, ayudó a cambiar el barrio ferial.

Durante la República, la Feria recibió un notable impulso: en el año 1933, Valencia ya fue sede de una importante Asamblea de Ferias Internacionales, que consagró la internacionalidad del certamen valenciano, frente a su competidora, Barcelona, que construyó en 1929 las extraordinarias instalaciones de Montjuich.

En Valencia, en 1934, se recuerda especialmente la inauguración del certamen por parte del presidente del Gobierno, el valenciano Ricardo Samper, que había sido ministro de Comercio. La inauguración del año 1936 fue también famosa por la imagen de las autoridades teniendo al fondo el grandioso rótulo ferial, de letras características de la época.

Después de Grollo, Gordillo Carranza

Tras el paréntesis obligado de la guerra, la Feria que había impulsado José Grollo volvió a la actividad de la mano de su segundo gran promotor, Ramón Gordillo Carranza. Muchos valencianos recordarán que, entre la popular “Muntanyeta d’Elío” y el edificio ferial hubo, durante muchos años, un puente que dio especial vida al Restaurante Rialto, el más elegante y lujoso de la ciudad en los años cuarenta y cincuenta, instalado en el edificio de la Feria. Fue el lugar perfecto para banquetes oficiales, eventos y bailes de salón.

Los valencianos, en los años cincuenta, llenaban a rebosar las instalaciones feriales, donde había un ala de arquitectura colonial marroquí. La presencia exótica de representaciones de las colonias españolas –Sidi Ifni, Marruecos, Guinea y Sáhara–, daba especial atractivo a las visitas, que se hacían en familia, con la misma intensidad y curiosidad con que se visita hoy un parque temático.

En años de penuria económica, los valencianos conocieron en la Feria, en los fines de semana de mayo, las fascinaciones del desarrollo: las primeras neveras y lavadoras, las máquinas de coser eléctricas, los primeros refrigeradores y televisores.

La propaganda del régimen estuvo siempre presente en la Feria; los estands oficiales eran aprovechados para mostrar los avances y cambios en la agricultura, las obras públicas y la industria, así como la construcción de viviendas. Pero otros países hicieron lo propio durante esos años: los espacios reservados por Francia, Alemania e Inglaterra fueron recientes, aunque no era fácil que compitieran con un pabellón siempre muy visitado, como era el de Estados Unidos.

Allí conocieron los valencianos un reproducción idéntica de la Campana de la Libertad y todos los avances de la ingeniería nuclear al servicio de la paz y el desarrollo. La Feria, en los años sesenta, recibía la visita ineludible del embajador norteamericano, cuyos discursos eran interpretados como la voz oficial de los Estados Unidos sobre el desarrollo español.

Los mensajes de la economía española

Ramón Gordillo Carranza

Ramón Gordillo Carranza

También los ministros españoles de Comercio aprendieron a usar la Feria Muestrario de Valencia como potente plataforma para sus mensajes. Los grandes cambios de la economía española, las más importantes noticias sobre la estabilización, los planes de desarrollo, las devaluaciones, la apertura a mercados exteriores o las aspiraciones europeas de España, fueron presentados en los discursos de inauguración ferial que, al día siguiente, llenaban tres y cuatro páginas de los diarios valencianos y alcanzaban extensas reseñas en los de Madrid.

Los ministros Ullastres (el último que inauguró la Feria rigurosamente vestido de chaqué y con chistera, en 1961), García Moncó, Fontana Codina, Vicente Mortes o López Rodó, dieron en Valencia importantes mensajes económicos en discursos de trascendencia. Ya en democracia, haría lo mismo, en una ocasión, el presidente Felipe González.

El año 1967, ahora hace 50 años, la Feria celebró su certamen número 45 y los 50 años de su fundación. Había faltado a su cita durante la Guerra Civil y dos años de posguerra. En 1972, con motivo de su 50º edición, también celebró festejos especiales, entre los que hay que destacar la rotulación de calles con los nombres de José Grollo y Ramón Gordillo.

En aquel momento, su presidente era otro de sus valientes impulsores, José Antonio Noguera de Roig. En 1976, el ministro Villar Mir dio especial relieve a la primera Feria Muestrario de la nueva etapa democrática española.

La creciente demanda de espacio, para certámenes que reclamaban una gran superficie para exponer maquinaria agrícola, camiones o automóviles, hizo necesaria la instalación de un pabellón especial, desmontable, que se configuraba como un gran hangar de brillante aluminio. Esas instalaciones, en los primeros años sesenta ocuparon toda la Alameda, con la consiguiente molestia al vecindario de la zona.

De esas necesidades de suelo y de los engorros vendría, a no mucho tardar, la necesidad de buscar otro emplazamiento para la Feria. Es así como la alcaldía de Adolfo Rincón de Arellano, en 1964, compró 200.000 metros cuadrados de suelo que había sido del Ejército, en Benimàmet, para terminar levantando la que sería su nueva sede desde 1969, utilizada por primera vez con la VII Feria del Mueble.

El primitivo proyecto de edificio ferial de Goerlich

El primitivo proyecto de edificio ferial de Goerlich

Cuando la Feria, después de muchos años, dejó el Llano del Real, la institución era una poderosa fuerza en la economía valenciana, que había generado, a lo largo de los años sesenta, la aparición de ferias sectoriales dedicadas al Juguete, el Mueble, el Metal y la Cerámica. Sus antiguas instalaciones, propiedad del Ayuntamiento, fueron derribadas para dar paso a los edificios de la calle General Elío que llevan por nombre Jardines del Real, al tiempo que el edificio llamado la Pagoda sustituía al palacete de Ripalda.    

 

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