Las inversiones inmobiliarias lastran la productividad de las empresas españolas

Las inversiones inmobiliarias lastran la productividad de las empresas españolas

La trayectoria de la productividad del trabajo y del capital en España representa un freno para la generación de valor añadido y el crecimiento. Los aumentos de la productividad del trabajo (cociente entre el PIB y la cantidad de horas trabajadas) son menores de lo esperable de las mejoras en las dotaciones de capital por trabajador y el incremento de las cualificaciones, según el informe “Acumulación y productividad del capital en España y sus comunidades en el siglo XXI”, elaborado por el Ivie para BBVA Research. El estudio ha sido dirigido por los profesores de la Universidad de Valencia Lorenzo Serrano, Francisco Pérez, Matilde Mas y Ezequiel Uriel, todos ellos investigadores del Ivie, en colaboración con Eva Benages y Juan Carlos Robledo, técnicos de investigación del Instituto.

La inversión inmobiliaria pasa factura a la inversión productiva

La inversión inmobiliaria pasa factura a la inversión productiva

Pero en el siglo XXI el mayor obstáculo a la productividad proviene de un esfuerzo inversor escasamente aprovechado, pues la limitada capacidad de generar valor de las inversiones acumuladas reduce la productividad de los capitales (cociente entre el PIB y los activos productivos duraderos disponibles, como naves industriales, maquinaria, equipos informáticos, etc.). La principal causa de ese desaprovechamiento ha sido el exceso de inversión en activos inmobiliarios residenciales y no residenciales que, al tener una vida útil muy larga, permanecen en los balances de las empresas pero representan capacidad instalada no utilizada que no genera renta.

Se trata de un problema duradero, como los activos de los que se deriva, que limita la eficiencia de la economía española, más incluso que la productividad del trabajo. De hecho, mientras que en el siglo XX la productividad del trabajo explicaba prácticamente el 100% de la debilidad de la productividad total de los factores de España frente a Estados Unidos, desde el año 2000 solo el 40% de la divergencia depende de ella, mientras que la productividad del capital explica el 60% restante. 

Debilidad de la productividad del trabajo y del capital

La productividad del trabajo ha progresado lentamente en España durante las últimas dos décadas, habiendo perdido 10 puntos porcentuales respecto a las economías avanzadas y siendo en la actualidad el 80% de la de Estados Unido.

La productividad del capital en España cae en términos absolutos a lo largo del siglo XXI un 27%, lo que supone una tasa de retroceso anual del 2%, y en términos relativos, pierde 12 puntos porcentuales respecto a EE.UU. y 14 respecto a la UE-15. Esto significa que la capacidad de generar valor añadido a partir de las inversiones acumuladas por la economía española es menor que en otros países, y el esfuerzo inversor se aprovecha peor. Las dos principales razones por las que la productividad del capital es aquí mucho menor son la sobreinversión improductiva en activos inmobiliarios durante el boom y ciertas características inadecuadas de las unidades que conforman el tejido productivo, como el tamaño, la especialización o la cualificación de sus responsables. 

El peso de las inversiones inmobiliarias es mayor en los sectores que concentran más sus capitales en naves, locales e infraestructuras que en maquinaria, equipos y activos inmateriales.

Productividad total de los factores: baja eficiencia
La productividad total de los factores (PTF) mide la eficiencia en el uso de los recursos de los que dispone la economía. La productividad total de los factores española se aleja de los niveles de las economías avanzadas en el último cuarto de siglo, situándose actualmente un 44% por debajo del nivel de Estados Unidos. 
En las dos últimas décadas la principal causa de la pérdida de eficiencia relativa de la economía española es la trayectoria de la productividad del capital, que explica el 60% de la divergencia con la productividad total de los factores de Estados Unidos. La productividad del trabajo era la debilidad más importante en el siglo XX y explicaba la práctica totalidad de nuestras desventajas, pero ahora solo explica el 40% de las mismas

Un nuevo patrón de inversión
Tras la crisis, la composición sectorial de la inversión se está desplazando desde la construcción hacia los servicios privados avanzados -que han aumentado un 17% desde su mínimo en 2009, con especial dinamismo de los relacionados con actividades profesionales, telecomunicaciones y tecnologías de la información- y el sector industrial -que ya invierte un 20% más que antes de la crisis (gráfico 5). Y por tipos de activos, la inversión en maquinaria supera ya a la inversión en vivienda y la inversión en activos inmateriales se ha duplicado desde principios de siglo. El esfuerzo inversor en activos más productivos -maquinaria avanzada, activos TIC e inmateriales, como la I+D- progresa con claridad. 

El capital no se aprovecha todavía suficientemente en España debido a que muchas empresas son poco productivas –uno de los factores que limita el crecimiento de su tamaño- y siguen existiendo numerosos proyectos empresariales escasamente viables que, en un porcentaje importante, desaparecen pronto y dificultan el aprovechamiento del esfuerzo inversor.

La inversión actual apenas cubre la depreciación
La inversión es una variable muy cíclica y su nivel actual en España (alrededor de un 20% del PIB) es muy bajo en relación con el capital acumulado, situándose en mínimos históricos que apenas permiten incrementar el stock de capital. El esfuerzo inversor actual resulta insuficiente para compensar la depreciación y hacer que el capital vuelva a crecer con fuerza, en particular en el sector público. 

Posibles mejoras de la productividad
El peso de las inversiones improductivas siguen teniendo un gran peso en los balances, retrasando la mejora de la productividad de la economía española en comparación con la de sus competidores. Los autores del informe señalan que esa pérdida de eficiencia afecta al conjunto de la economía, reduciendo la productividad agregada y el PIB per cápita, aunque no lo padecen igual todas las empresas. Se libran de ella las firmas que no acumularon inversiones poco productivas, las que ya se han deshecho de ellas –amortizándolas o vendiéndolas– y también las nuevas empresas. Todas ellas están libres de esas cargas y pueden alcanzar mejores resultados en productividad, como refleja el amplio abanico de esta variable que muestran los datos microeconómicos, al comparar empresas de distintos sectores o de un mismo sector.

Las líneas de avance de la productividad pasan por deshacerse de activos improductivos rápidamente; invertir tanto en activos materiales como inmateriales con capacidad de generar valor añadido y lograr un aprovechamiento efectivo del potencial productivo mediante el fortalecimiento de las empresas y la profesionalización de los equipos.

Similitudes y diferencias territoriales
Las dotaciones de capital privado y público han aumentado en todas las comunidades autónomas y provincias, pero, mientras en las dotaciones privadas de capital por habitante las desigualdades se han reducido entre territorios, en las dotaciones públicas se han acentuado.

La acumulación de capital y su aprovechamiento han sido claves para la dinámica territorial de desarrollo en España, aunque a menudo no se ha aprovechado toda la capacidad productiva que cabría haber esperado de las inversiones realizadas.

Las deficiencias en el proceso inversor mencionadas en el caso nacional son también observables en la mayoría de las comunidades. En todas ellas la productividad del capital ha caído en las últimas décadas. Sin embargo, las diferencias en la composición de los capitales de los distintos territorios son sustanciales. Destaca Madrid por poseer el 25% de los activos más productivos, inmateriales –como la I+D– y las TIC.

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