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Los institutos tecnológicos abordan desde la I+D+i el reto del envejecimiento activo

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De izda. a dcha., Rocío Zaragoza (Aiju), Encarna Gómez (Ainia), Mercedes Sanchis de pie (IBV) y Noemí Rando (Aiju). Reportaje gráfico: Vicente A. Jiménez

Conforme se amplía la esperanza de vida, los centros de innovación y tecnología de la Comunitat, entre ellos IBV, Ainia y Aiju, trabajan en nuevas líneas de desarrollo que mejoren la autonomía y salud de las personas mayores, al tiempo que se reduzca su grado de dependencia y se incremente la productividad de los trabajadores a lo largo de una cada vez más extensa, vida activa.

En España, la población mayor de 50 años duplica a la menor de 18 y supera en seis millones a la que aún no ha cumplido los 25. Pero nuestro país no es un caso aislado, si en 2008 la población mayor de 65 años era de 85 millones en Europa, se prevé que en 2060 la cifra supere los 151 millones, lo que significa duplicar este grupo poblacional en medio siglo.

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A tenor de los datos, hablar de envejecimiento activo se ha convertido más en una necesidad que en una mera tendencia. En este sentido, los institutos tecnológicos integrados en Redit: IBV, Ainia y Aiju, que llevan más de una década preparándose y trabajando en este campo, han participado junto a Economía 3 en una mesa de reflexión para abordar las problemáticas asociadas a la edad.

 

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Noemí Rando (Aiju)

Así, Aiju, Instituto Tecnológico del Juguete, Producto Infantil y Ocio, puso en marcha un área de Ocio Terapéutico para mejorar la salud de las personas mayores. Sus responsables, Noemí Rando y Rocío Zaragoza explican las dificultades con las que se toparon en los inicios a la hora de vincular este colectivo al ocio, el juego y las Nuevas Tecnologías (NNTT): “Vimos que había un campo amplio de trabajo para trasladar los beneficios del ocio vinculado a las NNTT a la gente mayor, sin embargo este grupo poblacional era reacio a interesarse por él, creía que nada podía aportarle. En una década, la visión ha cambiado completamente, y esto nos permite trabajar con una muestra muy amplia de personas, que además dispone de mucho tiempo libre y qué mejor manera de emplearlo que mejorando sus capacidades mermadas por la edad (cognitivas, fisicas, etc.)”, indica Rando.

“Comenzamos trabajando cuestiones relacionadas con el envejecimiento no patológico, a través de la estimulación cognitiva y física y con el tiempo nos orientamos también a personas mayores con algún tipo de discapacidad (párkinson, alzhéimer y otro tipo de patologías asociadas a la edad); al tiempo que seguimos promocionando el fomento de hábitos de vida saludables en este colectivo”, añade Zaragoza.

Otra de las dificultades que las responsables de Aiju ponen de relieve al rememorar los comienzos es la insuficiencia de convocatorias específicas existentes en este sentido, tanto a escala nacional como internacional: “afortunadamente la situación ha cambiado completamente y ahora existen muchas líneas de trabajo específicas para personas mayores, incluso grupos de trabajo permanentes. Es más, prácticamente, cualquier tipo de convocatoria europea contempla una parte dedicada a la mejora de la calidad de vida y al envejecimiento activo. Esta es una tendencia que incluso va a ir a más”, opina Rando.

Concretamente, España cuenta con una alta esperanza de vida: “somos uno de los países que más años vivimos y en paralelo, pasamos prácticamente un tercio de nuestra vida jubilados e inactivos, por tanto es fundamental mejorar el estado en el que esta población afronta el envejecimiento”, consideran las responsables del área.

Desde el Instituto de Biomecánica de Valencia, IBV, Mercedes Sanchis, directora de Innovación en Bienestar y Salud Laboral explica cómo sus unidades están orientadas al bienestar de las personas, en general y a la salud laboral y bienestar de los trabajadores como grupo poblacional, en particular, teniendo muy en cuenta en ambos casos al colectivo de mayores.

La Agencia Europea de Salud en el Trabajo identifica como ‘mayor’, a una persona que supera los 55 años: “fisiológicamente se constata que ya no tiene la misma capacidad de movimientos, ni la visión, audición, resistencia o fuerza de un joven, se lesiona con mayor frecuencia y cuando esto ocurre tarda más en recuperarse. Por tanto, desde el IBV estamos trabajando junto a las empresas en el diseño de una nueva industria, la 4.0, donde el trabajador sea el centro de la compañía, de manera que los puestos estén diseñados para que pueda pasar todos sus años activos ejerciéndolos de forma saludable. En este sentido, el reto está en diseñar cada puesto de trabajo pensando directamente en el mayor, de modo que ningún colectivo presente ninguna problemática al ocuparlo”, explica Sanchis.

Por otro lado, Sanchis pone de relieve una realidad que buscan evitar que se convierta en problemática, como es la convivencia en el espacio de trabajo de dos generaciones totalmente distintas: “los baby boomer junto a los milenials, una generación ‘mayor’, con una forma de trabajar diferente, que se encuentra con otra que tiene unos intereses y motivaciones distintos, por lo que el desafío está en que los jóvenes consideren a los mayores no como un lastre, sino, como un aporte de valor”.

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Mercedes Sanchis (IBV)

Asimismo, el IBV se centra en la ergonomía a la hora de definir los movimientos o fuerzas a ejercer por parte de los trabajadores para evitar trastornos musculoesqueléticos que afecten a la productividad de la empresa: “identificamos y reducimos los riesgos ergonómicos que a largo plazo pueden suponer un riesgo para la salud de los trabajadores”, constata la técnico.

Otra problemática que aborda el centro tecnológico es la gestión de la transferencia hacia la jubilación: “cómo sacar el máximo rendimiento de una persona que conoce muy bien la empresa y su puesto de trabajo, pero que puede estar desmotivado y pensando en la jubilación. Trabajar en la motivación de ese trabajador, es bueno tanto para él como para la empresa”.

Desde esta perspectiva cabe mencionar que el IBV es un referente nacional no solo en el diseño y la evaluación de puestos de trabajo para reducir los riesgos ergonómicos que puedan derivar en problemas de salud de los trabajadores, sino también en favorecer que estos estén aportando el máximo rendimiento posible durante toda su etapa laboral y con ello posibilitar que el número de lesiones y bajas se reduzca: “favoreciendo a su vez la sostenibilidad del sistema y la reducción del gasto sanitario”.

También desde Ainia Centro Tecnológico, Encarna Gómez, jefa del departamento de Nuevos Productos y Procesos explica, cómo abordan la I+D+i en el área de Nutrición y Salud para satisfacer las inquietudes de empresas y organismos, entre ellos la OMS, para los cuales dicha población se ha convertido en un objetivo prioritario. “La intención es llegar a la edad adulta en las mejores condiciones posibles, reduciendo no solo el consumo de fármacos, sino también los niveles de dependencia”.

“Una tendencia que observamos –añade Gómezes que si anteriormente nos alimentábamos para nutrirnos, actualmente concebimos la alimentación como una forma de mejorar nuestra calidad de vida, lo que se plasma en nuevas tendencias como los alimentos funcionales (alto contenido en fibra, omega 3, sin sal añadida, que reduzcan el colesterol,…). Es decir, ya no buscamos solo que nos resulte agradable un alimento, sino que además mejore nuestra salud. De este modo se trata de prevenir la aparición de ciertas enfermedades, cardiopatías o afecciones, en línea con la promoción de hábitos de vida saludables (ejercicio físico, pautas de vida sana…)”.

Además, Gómez constata que trabajan dichas funcionalidades basándose en los requerimientos específicos de los grupos poblacionales a los que se dirigen: “Por ejemplo, la tercera edad tiene unas necesidades o deficiencias masticativas, así como unas deficiencias organolépticas importantes –pierden el sentido del gusto y del olfato–, por lo que, no solamente buscamos que esos alimentos sean equilibrados nutricionalmente o que cumplan una función preventiva, sino que además sean adecuados a sus características organolépticas reales”.

En este sentido, Ainia trabaja, en colaboración con empresas y organismos públicos, en la búsqueda de nuevas fuentes de ingredientes que aporten esos compuestos bioactivos y nutrientes específicos, así como en el desarrollo de texturas, olores y sabores apropiados para este colectivo.

Asimismo, el centro tecnológico investiga la mejor forma de incorporar dichos compuestos a las matrices alimentarias para que no sufran ningún tipo de degradación a lo largo del proceso productivo, además de fomentar nuevas tecnologías de conservación y transformación de los alimentos. En este punto, Encarna Gómez alude a ciertas dificultades: “Todo el tema de nuevos ingredientes está muy reglamentado en Europa, mientras que en Asia o EE.UU. la legislación es mucho más permisiva. Por ello, en ocasiones encontramos nuevos ingredientes o compuestos que puede ser interesante incorporar (microalgas, extractos,…) pero que, hasta que llegan a ser autorizados, el proceso es largo y costoso. Simplemente no jugamos las mismas reglas a escala internacional y por ello apoyamos a las empresas en este recorrido”.

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