25 años de economía valenciana, 25 años de Economía 3

Director general de GB Consultores

2017-enero-OPI-Gonzalo-BoronatEconomía 3, nacía en el mes de noviembre de 1991, justo cuando se producían importantes movimientos en el ámbito financiero. Por una parte, la fusión de la Caja de Ahorros Provincial de Alicante y Valencia con la Caja de Ahorros del Mediterráneo y, casi simultáneamente, la de la Caja de Ahorros de Valencia y la de Castellón, lo que supuso la creación de la ya desaparecida Bancaja. Asimismo, se produjo la venta del Banco de la Exportación a Caja Cataluña, con lo que se iniciaba el camino que llevaría a la extinción del sistema financiero valenciano.

El año 1992 fue, sin duda, un momento histórico para nuestro país. Por la Exposición Universal de Sevilla pasaron casi cinco millones de visitantes. Los Juegos Olímpicos de Barcelona modificaron la estructura urbana y fueron el revulsivo necesario para la configuración de la ciudad, acompañado de un gran éxito deportivo (22 medallas olímpicas).

La celebración de ambos actos provocó la ejecución de un importante volumen de obra pública, que elevó el nivel de actividad de nuestro país, aunque centrado en Madrid, Barcelona y Sevilla. En la Comunidad Valenciana suspendían pagos seis de las treinta mayores empresas de nuestra Comunitat: La Ribera, Feber, Saez Merino, etc.

Evidentemente, después del mágico 92, llego el complejo 93. La crisis volvió a planear como no lo había hecho en treinta años. Caída del PIB en un 1 %, incremento del desempleo en un 4,5 %, y un déficit de las administraciones publicas superior al 7 % del PIB, lo que supuso un restrictivo escenario presupuestario en los siguientes ejercicios, centrados en la “reducción del déficit público y el crecimiento económico”. Parece que la historia se repite.

Hay un hecho importante también en 1993: la privatización de la banca pública y el nacimiento de Argentaria. Lamentablemente, el proyecto languideció con rapidez y hoy es la última letra del BBVA. En ese año también hacen su aparición los productos financieros derivados, que tantos quebraderos de cabeza supondrán en el futuro.

Pero en el año 1992 se produjo un importante hecho, que afectaría a nuestro modelo económico futuro: se firma en la ciudad holandesa de Maastricht el Tratado de la Unión Europea, cuya finalidad era la instauración del euro como moneda común de la Unión, lo que implicaba la puesta en marcha de una serie de medidas tendentes al control de la inflación y del déficit público, definidas en el pacto de estabilidad y crecimiento, y que suponía la necesidad de la convergencia económica entre los países de la Unión Europea para la implantación de la moneda única.

Este hecho sería la base para la puesta en marcha de una serie de medidas de política económica, que marcarían el escenario macroeconómico de los siguientes años y que afectaría de un modo muy importante a la economía de la Comunidad Valenciana.

Calidad, ISO y empresa familiar
A mediados de la década de los 90 asistimos a un verdadero boom por la calidad. Es el momento de la aparición de las normas ISO 9001, 9002, 9003 y 9004. La necesidad de homologar los procesos internos en las empresas, unida a la obligación de estar registrado en dichas normas, tal como exigían a sus proveedores las empresas multinacionales, indujo a la puesta en marcha de los sistemas de costes asociados, tanto de la calidad como de la “no calidad”, que tuvieron un importante desarrollo en las empresas valencianas.

Y en esta década asistimos al desarrollo y organización de la empresa familiar. Tras las sucesivas situaciones vividas de crisis y reconversiones, aparece la necesidad de intentar garantizar la continuidad de las empresas familiares, que siempre habían sido la base del empresariado español y, en mayor medida si cabe, en la Comunidad Valenciana.

Se puso en marcha la elaboración de los protocolos de sucesión familiar como sistemática que garantizase su continuidad, y hoy en día, tras distintas revisiones y actualizaciones, todavía están vigentes y han permitido, en muchas ocasiones, que no se produjera la desaparición de empresas centenarias.

En ese año se firmaba también el Pacto de Toledo como el “análisis de los problemas estructurales del sistema de Seguridad Social y de las principales reformas que deberán acometerse”. El paquete de medidas tenía como objetivo reducir la presión a la que estaba sometido el presupuesto de la Seguridad Social, realizando una separación entre las diferentes fuentes de financiación de las prestaciones, dejando las llamadas prestaciones no contributivas y universales a cargo de la imposición general y las pensiones contributivas a cargo de un sistema de cotizaciones sociales.

Esto suponía pasar de un sistema de reparto puro, a otro en el que se recibe en función de lo cotizado. Con el fin de solucionar las posibles fluctuaciones de las contribuciones, se crean fondos de reserva destinados a eliminar la necesidad de aumentar las contribuciones para mantener las prestaciones en los momentos de crisis. Todos sabemos la actual situación de dichos fondos y la urgente necesidad de revisar el pacto.

El efecto 2000
Desde el año 1997, las Bolsas de los países occidentales habían experimentado un rápido aumento de su valor debido al avance de las empresas vinculadas a las nuevas tecnologías –las llamadas .com–, así como a la industria de la información, que se bautizó como “nueva economía”. En abril del año 2000 se producía el estallido de la burbuja “tecnológica” derivada de la importante especulación unida a la gran disponibilidad de capitales inyectados en este tipo de proyectos, lo que generaría una prolongada recesión en los siguientes años. En España salía a Bolsa Terra Lycos, una de las más importantes operaciones bursátiles de los últimos años en la Bolsa española, cuyos resultados todos conocemos.

En España se inicia el proceso de privatización de Iberia y en el año 1999 cristalizan las fusiones del Banco de Santander con el a su vez fusionado Banco Central Hispano, así como la de Argentaria con el Banco Bilbao Vizcaya, dentro del proceso de reestructuración del sistema bancario nacional. Un sistema que entonces tenía una morosidad del 1,1 %, cuando hoy supera el 10 %.

Dos hechos provocarían un cambio legislativo importante en el mundo. Enron Corporation, empresa de energía con sede en Houston, protagonizó una de las quiebras más importantes y de mayor volumen en Estados Unidos. Y no fue el único escándalo: al año siguiente la empresa WoldCom, del sector de telecomunicaciones, también se declaró en quiebra, con un importante volumen de deudas no pagadas a J.P. Morgan, Chase Manhattan y Citigroup.

Las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC) y las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), se hacían imprescindibles. Se iniciaba el proceso de su implementación mundial.

Adiós peseta. Hola euro
El 1 de enero de 2002 dimos el adiós a la peseta y la bienvenida al euro. El euro llegó como consecuencia del proceso iniciado en el Tratado de Maastricht. Tres fueron sus objetivos: la puesta en marcha de un gran mercado único de bienes y servicios, en el que pudieran circular libremente capitales y recursos humanos; un reequilibrio territorial, favoreciendo la transformación de las regiones más pobres; y el desarrollo de una capacidad tecnológica autónoma y suficiente, que evite la dependencia de Estados Unidos y Japón. La persecución de estos tres objetivos derivará en la mejora de las infraestructuras de enlace y en el incremento de la productividad y la eficacia empresarial.

Esto fue mucho más importante que la mera utilización de nuevos billetes y monedas. Supuso para las empresas valencianas una excusa y una oportunidad derivada de una obligación. Una excusa que muchas necesitaban, para efectuar una profunda revisión interna de su actividad; y la oportunidad que se deriva del nuevo marco legal; lo que propiciaba la realización de una reingeniería de todos los procesos y sistemas productivos, para su optimización, lo que fue aprovechado por un buen número de empresas va-lencianas.

En aquellas fechas, los analistas daban la voz de alarma sobre la posibilidad de encontrarnos ante una burbuja inmobiliaria: se estaban construyendo 700.000 viviendas anuales en España. El precio de la vivienda, además, registraba un crecimiento ininterrumpido desde 1997; concretamente, desde 1985 hasta 2003, el coste de una vivienda se había multiplicado por seis.

También conocimos ese año los acuerdos bautizados como Basilea II; una serie de recomendaciones a las diferentes autoridades monetarias y financieras mundiales, sobre los requerimientos de capital necesarios para asegurar la protección de las entidades ante los riesgos financieros y operativos.

Nuevo Plan General de Contabilidad y Basilea III
El nuevo Plan General de Contabilidad fue aprobado mediante el RD 1514/2007, de 16 de noviembre, con el fin de adaptarse a las Normas Internacionales de Información Financiera aprobadas por la Unión Europea. Con un carácter conservador, el plan profundizaba en los aspectos financieros y en el tratamiento de las inversiones, fondo de comercio y operaciones vinculadas básicamente. Pero precisamente ese año se iniciaba la tormenta perfecta, cuyos resultados estamos todavía sufriendo.
A Basilea II le siguió Basilea III. En septiembre de 2010 se formalizaron los nuevos acuerdos, entre los que destaca la necesidad de triplicar al 7 % el capital de calidad de las entidades financieras, para poder resistir las sacudidas de los mercados sin acudir a la ayuda estatal y, todo ello en aras de reforzar la solvencia y liquidez de las entidades de crédito.

El objetivo de la nueva normativa era evitar crisis financieras como la iniciada en el año 2008 y que, en caso de producirse, sean las propias entidades las que asuman las pérdidas. Ello implica un cambio en el modelo de negocio bancario con un importante diferencial entre los costes del pasivo y los rendimientos del activo.

Pero como se ha dicho, en 2008 llegó la crisis. Ya en 2007 se ponía de manifiesto el peligro de las hipotecas subprime y el problema que se venía generando por los impagos en productos hipotecarios en Estados Unidos. Lehman Brothers, Freddie Mac, New Century, Bear Sterns, Blackstone, American Home, National City Home Equity, etc., son los nombres que inicialmente se asocian a esta importante catástrofe financiera de titulaciones hipotecarias.

En aquel agosto negro entraron en crisis todas las Bolsas del mundo y los principales bancos, al no poder establecer una valoración justa de los activos subyacentes y, por ello, poder efectuar un cálculo del valor liquidativo de muchos fondos de inversión.

BNP, Deutsche Bank, Santander, Citigroup, etc., y la práctica totalidad de entidades bancarias precisaron de inyecciones de liquidez de sus respectivos bancos centrales para calmar las tensiones del mercado interbancario, lo que acabaría finalmente en la desaparición de multitud de entidades financieras en todo el mundo, y la puesta en marcha de distintos planes de rescate por todos conocidos.

En nuestra Comunitat supondría la practica desaparición del sistema financiero valenciano. Una nefasta gestión, ayudada por procesos de “albañilería financiera”, dieron al traste con las importantes iniciativas desarrolladas, entre otros, por Ignacio Villalonga.

Diagnóstico IVIE
El IVIE, que también ha cumplido recientemente su cuarto de siglo y se ha convertido en la institución de mayor rigor de análisis en nuestro entorno cercano y con una proyección y solvencia internacional, ha resumido de forma clara estos últimos 25 años, en los que la economía valenciana ha alterado sustancialmente su estructura productiva con una pérdida de peso de la agricultura y la industria en beneficio de los servicios. La construcción, después de la caída de la crisis, pesa hoy menos que en 1990. El bienestar de los valencianos ha aumentado por debajo del que ha crecido en España, lo que implica que la renta de un valenciano sea un 11 % menor a la de España.

Parte de esa divergencia se explica por un mayor incremento proporcional de la población en nuestra Comunitat. Tenemos más ocupados que la media, pero más paro que la media, con una productividad del trabajo inferior a la estatal y una baja productividad del capital, debido a que se invierte en activos poco productivos. El esfuerzo inversor no se aprovecha bien, por las características del tejido productivo; es decir, existe capacidad ociosa que condiciona la recuperación de la inversión. Aunque el esfuerzo inversor en I+D se ha duplicado, es mucho menor que la media de España.

El stock de capital público por habitante de la Comunidad Valenciana es casi el doble del existente en 1990, pero un 20 % inferior al de España, habiendo perdido cuota exportadora en el total nacional desde 1990, lo que evidencia una pérdida de competitividad.

En cualquier caso, la Comunidad Valenciana presenta un elevado superávit comercial y una elevada capacidad de atracción de turismo, pero el sector público valenciano es menor que el de otras comunidades, y el deterioro de la finanzas públicas –que se materializa en ser la comunidad más endeudada de España en relación al PIB–, refleja la insuficiente financiación de la Generalitat Valenciana, lo que supone un importante lastre para la recuperación.

Un balance de estos últimos 25 años no muy positivo, que nos sitúa en un escenario complejo de partida y, a su vez, un importante reto de futuro para todos. Sabemos lo que no hay que hacer, hagamos lo que tenemos que hacer

Suscríbete a nuestra newsletter