Perfil biográfico de un líder autodidacta

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Entrevista a Fernando Roig

Nacido en Valencia en 1947, Fernando Roig no fue buen estudiante. “Hice Bachillerato, Preuniversitario y empecé los estudios de lo que entonces se llamaba Comercio, pero no los acabé A partir de los 20 años, me dediqué a trabajar en la empresa de la familia, porque tenía claro que quería dedicarme al mundo de la empresa”.

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– ¿En ningún momento se planteó otra actividad que no fuera la empresarial?

– No. Siempre tuve claro que quería dedicarme a la empresa.

– Pero la empresa familiar era del sector cárnico y, en cambio, su actividad empresarial se ha centrado en el mundo de la cerámica. ¿Cuándo y por qué ese cambio?

– En 1977, cuando tenía 30 años, nuestra familia decidió quedarse con el control de Pamesa y yo fui quien lideró este proyecto. Pamesa se había fundado en el 72, pero tuvo una mala gestión al principio, que exigió la toma de determinadas decisiones en el 76.

La compañía se constituyó por algo más de un centenar de accionistas de diferentes ámbitos geográficos (Burriana, Alzira, Gandia, etc.), y de actividades muy diversas, con bastantes inversores vinculados al mundo de la exportación de cítricos, lo que posibilitó el nacimiento de una empresa bien capitalizada. La familia Roig fue uno de esos accionistas fundadores, pero con una participación al principio minoritaria.

En el 76, ante la situación delicada de la empresa, se decidió que los accionistas que tenían hasta ese momento firmadas garantías con los bancos, se quedasen con un 40% de la empresa y el 60% restante pasó a estar controlado por el grupo de la familia Roig, que asumimos el control de la compañía y el pasivo con proveedores y bancos. En ese momento asumí la dirección y responsabilidad de la empresa. Eso fue en 1977.

– Desde el momento en que la familia Roig asumió el control de Pamesa, ¿en el accionariado de la empresa ha estado o está presente algún otro grupo familiar?

– No. En aquel momento se ofreció al resto de accionistas de la empresa la posibilidad de sumarse al nuevo grupo de control, pero nadie más quiso.

– ¿Qué le atrajo de la industria cerámica?

– En aquel momento yo era un desconocedor absoluto de la industria cerámica, pero vi que tenía dos grandes diferencias respecto a la actividad empresarial que venía desarrollando nuestra familia en el sector cárnico. Por una parte, así como en la industria cárnica el trabajo manual tenía un peso específico muy relevante, en la cerámica el nivel de automatización y mecanización es muchísimo mayor. En segundo lugar, así como en la industria cárnica la práctica totalidad de la materia prima son productos perecederos, con los riesgos que esto conlleva, en el sector cerámico no es así. Se trataba de una actividad bastante diferente, y eso, como reto profesional, me pareció muy atractivo.

– Pero las inversiones que exige una instalación en el sector cerámico tampoco son las mismas que las que precisa la industria cárnica.

– Eso es cierto, pero en Pamesa las inversiones iniciales estaban ya hechas. El reto era rentabilizarlas.

– Pensando en el futuro y la posible sucesión al frente de la compañía, ¿alguno de sus hijos participa en estos momentos en la gestión de Pamesa?

– No. Mi hijo, que estudió Administración y Dirección de Empresas (ADE), es el consejero delegado del Villarreal, C.F., que es lo que le gusta y a lo que se dedica en cuerpo y alma, y mi hija, que estudió Periodismo y que en su momento era quien se encargaba de las relaciones externas del club, hoy se dedica a su familia. 

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