La información económica de los líderes

Calzado y juguete defienden la integración en torno al líder y potenciar la marca para competir

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Empresarios e institutos tecnológicos congregados en una mesa de reflexión convocada conjuntamente por RedIT y ECONOMÍA 3 confirman el interés por el producto español y por volver a localizar centros productivos en la provincia de Alicante. Para competir con mayores garantías en un mercado global abogan por la unión en torno a un líder que diseñe, provisione, financie y comercialice, así como la integración vertical a través de tiendas propias.

[mepr-rule id=”598″ ifallowed=”show”]Hablar de calzado y juguete español, es hablar de una industria moderna, ágil y competitiva, productora de bienes de consumo con alta incidencia del diseño. Es por ello que en ambos sectores, rechazan frontalmente connotaciones negativas que puedan derivarse de calificativos como tradicional, manufacturero, intensivo en mano de obra… y lamentan no ser considerados “sectores de futuro”, “porque lo cierto es que, concretamente en la provincia de Alicante, calzado, juguete, puericultura, productos infantiles y textil son, junto a plástico, metal y agroalimentación, los sectores que más están manteniendo el empleo”, recuerda Manuel Aragonés, director general del Instituto Tecnológico del Juguete, Aiju.

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Izq. a dcha. Manuel Aragonés y Pepe Verdú

Los representantes congregados en esta mesa de reflexión impulsada por la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana, Redit en colaboración con Economía 3 , renuncian a “meter a todo el sector en el mismo saco”, porque consideran que “lo importante es cada empresa y su producto, y si este resulta competitivo en los mercados internacionales”, afirma César Orgilés, director del Instituto Tecnológico del Calzado y Conexas, Inescop.

Pepe Verdú, director general del grupo Miniland, especializado en juguete educativo, resalta dos características “prácticamente intrínsecas” de estos dos sectores y que ahora se defienden y fomentan como soluciones válidas a esta crisis: la internacionalización y el emprendedurismo. “Nadie duda del espíritu emprendedor y de la apuesta internacional de estas industrias que conviven con la deslocalización desde hace más de 20 o 25 años, sabiendo bien el esfuerzo que ello supone, ya que a veces tiene que pasar toda una generación para entender que se ha consolidado la apuesta”, indica Verdú, quien resalta, no obstante, que el 60% de la producción de Miniland se realiza en España.

Para Orgilés, lo reseñable es que son sectores que saben adaptarse con agilidad a las nuevas circunstancias, modificando el producto y ofreciéndole un valor añadido, que no es posible encontrar en países con bajos costos salariales. En este sentido Verdú recalca: “estamos aquí gracias a la innovación, no solo referida al lanzamiento de nuevos productos, a la renovación del catálogo, sino a una I+D+i que traspasa todos los aspectos: nuestros sistemas de producción, los procesos de calidad, su verificación, la apertura de nuevos mercados, los métodos de comercialización, la gestión empresarial…”.

APOYO QUE DEJA HUELLAS

Y en esa evolución, tal y como señalan las empresas, ha sido fundamental la labor de los institutos tecnológicos, en este caso, Aiju e Inescop, con 28 y 42 años en el mercado respectivamente.

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Tomás Sierras

Tomás Sierras, gerente de la firma de curtidos y pieles Tradelda, lo confirma: “prácticamente ninguna empresa española del sector, por importante que sea, se plantea tener un laboratorio propio, porque el apoyo en Inescop es total. Tampoco lo hacen marcas de alto nivel europeo que subcontratan estos servicios. Por tanto, sin la infraestructura y el conocimiento de Inescop, nos veríamos abocados a morir a empresas puramente comerciales, algo que prácticamente sería imposible de asumir por nuestras estructuras empresariales”.

Al respecto Verdú, reitera el grado de colaboración “tan alto” que mantiene con Aiju, “por su labor de tutela, de consejo, de verificación, de certificación,… sin la cual la industria juguetera no resultaría competitiva”. El empresario entiende que “la aportación de un instituto puede ser ilimitada; en la medida que la empresa sepa valorar su contribución y vaya tirando del hilo, reconocerá el potencial del socio con el que trabaja”.

El director general de Aiju, Manuel Aragonés resalta como ventaja añadida la cercanía a las empresas “estamos en sus propios polígonos empresariales”. No obstante, constata una realidad del tejido productivo: “por su tamaño, no es la empresa muchas veces la que acude a nosotros con demandas, si no que somos los propios institutos los que tenemos que hacer una labor casi “de misionero”, analizando sus líneas de producto, sus tecnologías y posibilidades, para proponerles proyectos y soluciones que provoquen el interés por la innovación, al mismo tiempo que les facilitamos posibles vías de financiación”, reconoce.

En este sentido, Orgilés recuerda cómo los apoyos indirectos a las empresas están siempre favorecidos por la UE. “Defendemos a los centros tecnológicos porque son la única vía con la que podemos ayudar a nuestras empresas a conseguir ayudas públicas como hacen en otros países”, sostiene.

UNIRSE EN TORNO AL LÍDER

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César Orgilés

Respecto a la necesidad de ganar tamaño por parte de nuestras empresas, el director de Inescop aboga por adaptarse a esa realidad antes que intentar cambiarla, porque la experiencia demuestra que la mayoría de veces se fracasa. “Veamos primero la realidad que tenemos y luego veamos cómo cubrimos las deficiencias. En el plano tecnológico, los institutos estamos adaptados para que la empresa, cuando puede apueste por la I+D+i sola, y cuando no, agrupándose o yendo a un proyecto conjunto. Ahora bien, en la parte comercial, habría que impulsar otras vías”, entiende Orgilés.

Considera que lo que está funcionando mejor en nuestra industria es la agrupación por el líder: “las firmas españolas están más dispuestas a trabajar para alguien que con alguien; luego, pongamos atención en esos líderes, que son capaces de agrupar y arrastrar a varias empresas más pequeñas que trabajarán para aquella que diseña, provisiona, financia, comercializa, y hace marca. Y si es española, mucho mejor”.

Tomás Sierras confirma que hay interés en el sector calzado por volver a localizar empresas en la Comunitat. “Asia ya no resulta tan competitiva, y las comercializadoras buscan dónde fabricar zapato de calidad a un precio razonable, sin necesidad de mantener una gran estructura, ni depender de plazos de entrega excesivos. Piensan en fábricas “pegadas” al mercado, pero la realidad es que la globalización ha desindustrializado mucho la provincia y ahora el problema puede ser la falta de know how y de competencia en un sector altamente especializado. En mi opinión, es un reto para la Administración crear los mecanismos que permitan impulsar empresas, muy flexibles y adaptadas a las circunstancias, ya que los sectores manufactureros son el camino más corto para darle la vuelta al problema del desempleo”, considera el gerente de Tradelda.

INNOVAR EN LA COMERCIALIZACIÓN

Tomás Sierras insiste en el salto que supone “pasar de vender lo que se fabrica, a fabricar lo que se vende”, “para ello hay que ver lo que pide y quiere el cliente y ello supone estar en contacto directo con el consumidor”.

El empresario de curtidos y pieles explica que de hecho algunas firmas “con capacidad económica y visión a medio plazo” apuestan por abrir sus propias tiendas y generar marca. En definitiva, “por innovar en la comercialización”.

Al respecto Orgilés menciona el colapso financiero: “las empresas necesitan el respaldo financiero, bien para llegar directamente al mercado, bien para exportar, porque desde que se recibe un pedido hasta que se cobra, en el mejor de los casos, han pasado nueve meses. Por tanto se requiere una empresa muy potente para financiar los productos que pone en el mercado”.

Como dificultad añadida Sierras sostiene: “por su parte, las grandes cadenas de comercialización bajan márgenes y recargan precios, al tiempo que acotan tu producto a un determinado segmento. Con la integración vertical, consigues disponer de información directamente del cliente y potenciar la industria desde la demanda”.

En este sentido, el director de Aiju equipara en importancia ese conocimiento sobre el consumidor y la tecnología, “si ponemos el foco en el consumidor, la empresa no se equivocará, pero si pensamos solo en la fábrica, en la máquina, en el molde…, haremos muy buenos zapatos o juguetes, pero no los comprará nadie”.

Para facilitar este aspecto, Aiju cuenta con un panel de consumidores de 4.000 familias y una ludoteca donde testear y mejorar los productos, no solo en cuestiones de seguridad sino también de usabilidad y diseño.

El responsable de Miniland insiste en la idea: “cuando se tiene marca, uno puede permitirse hacer según qué cosas”. Para esta empresa alicantina, sus atributos de marca están relacionados con la calidad, el compromiso con la educación y el uso pedagógico de sus juegos. “En nuestro caso, el camino fue la especialización, y si hubiéramos entrado en la generalidad, seguramente hoy no estaríamos aquí”, reconoce.

El director de Inescop pone de relieve cómo la tecnología está ayudando a la especialización y al desarrollo de series cortas, con técnicas de diseño por ordenador, de prototipado rápido...”En definitiva con tecnologías que facilitan la puesta en el mercado del producto”, resume su homólogo en Aiju. Para Orgilés “la tecnología favorece las nuevas oportunidades de mercado, igual que en su momento posibilitó las grandes series, de hasta 25.000 pares de zapatos del mismo modelo, ahora la tendencia es facilitar la diversidad de productos, haciendo rentable la fabricación de series cortas, hasta llegar a la personalización total”.

Y todo ello apoyado en una industria auxiliar muy potente y especializada, que en el caso del juguete, tal y como confirma Aragonés “tira especialmente de las TIC”. Como ejemplo, menciona el desarrollo de Apps que permiten teledirigir un coche de juguete o la interacción en muñecas. “A un producto tradicional como es el juguete cada vez se le van incorporando más componentes y tecnologías TIC, dando lugar a una cadena de producción que cada vez se asemeja más a la de sectores punteros como automoción”.

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