¿Competitividad y/o cooperación?

Presidente ejecutivo de Ética Family Office 

La palabra competitividad se utiliza con profusión estos últimos tiempos en cualquier tertulia o artículo que aborde la situación económica española. Se afirma, a menudo contundentemente, “nuestras empresas deben ser más competitivas”, y en función de la talla del casi 100% de las empresas españolas, yo pregunto: ¿no sería más eficiente a corto plazo fomentar e incentivar la cooperación empresarial?

2013-mayo-opinion-ALVAREZ-etica2El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que competitividad es la capacidad de competir, y que competir es rivalidad para la consecución de un fin o la enemistad producida por la emulación o competencia muy vivas.

Pongo voluntariamente en cursiva las palabras ‘rivalidad’ y ‘enemistad’, porque me parecen términos con una connotación negativa para un desarrollo empresarial que genere bienestar social.

Por otro lado, creo que la competitividad empresarial lleva implícita las ansias de crecer, de ser más grande, y entre las muchas preguntas que esto me genera voy a seleccionar tres: ¿por qué una empresa tiene que ser más grande? ¿Puede ser el crecimiento infinito? ¿Se gestiona mejor una empresa grande que una mediana o pequeña empresa?

Me parece oportuno poder reflexionar sobre estas preguntas y para ello aconsejo, a los que aún no lo hayan hecho, la lectura  del libro “Lo pequeño es hermoso: Economía como si la gente importara” (“Small is beautiful: economics as if people mattered”) que  fue escrito en 1973 por Ernst Friedrich Schumacher y que, según la revista “Times”, forma parte de los 100 libros más leídos en el mundo.

 Hace cuarenta años Schumacher sorprendió con este libro, que rápidamente se convirtió en una referencia dentro del conjunto de los modelos económicos defendidos por eminentes especialistas.

TAMAÑO Y PRIORIDADES

Considero que hoy en día sigue siendo de gran actualidad, sobre todo porque la crisis económica que estamos viviendo ha puesto de manifiesto los defectos y carencias del modelo económico vigente, sabiendo que se demuestra con creces que los ingredientes que han generado la crisis son los que Schumacher ponía en evidencia.

2103-agosto-OPI-etica-FMIIngredientes que tenemos que cambiar si queremos evitar que nuestros hijos y nuestros nietos sufran los estragos que las crisis económicas generan. Lo que es grande no es lo mejor, el crecimiento tiene sus límites y los seres humanos somos la prueba fehaciente de ello. Crecemos, pero no infinitamente.

Todo lo que pretende alcanzar una talla que sobrepasa a lo que el ser humano puede gestionar con sus límites, se derrumba, y tenemos como prueba la caída del imperio romano y de otros imperios que pretendieron ser los propietarios del mundo. Lo hemos vivido más recientemente con las llamadas burbujas, particularmente la inmobiliaria en España.

El crecimiento no puede ser infinito, simplemente porque en tanto que seres humanos somos finitos y vivimos en un planeta que es finito. El que crea lo contrario es un loco o un economista, como dice Serge Latouche, profesor emérito de la Universidad de París.

En lo que concierne la gestión de una empresa pido encarecidamente a los que verdaderamente han dirigido o dirigen empresas que se miren al espejo, porque los que teorizan sobre la dimensión empresarial, defendiendo el crecimiento sin tener la necesaria práctica, no me interesan. Son simples vendedores de ideas no constatadas.

El objetivo principal de la empresa debe ser generar servicios para la sociedad que la rodea (empresario, financiadores, asalariados, proveedores, clientes, entorno medioambiental en el que se encuentra), y no buscar el crecimiento por el crecimiento.

La talla es secundaria, e incrementar los servicios que la empresa aporta a la sociedad se puede conseguir cooperando y no compitiendo con otras empresas. Es aberrante tener que llegar a conclusiones como a la que ha llegado el modelo económico actual, que nos dice “To big to fail”. Es decir, que la empresa es demasiado grande para que pueda desaparecer, en este caso en el sector financiero; sector que es el factor generador más importante de la crisis que estamos sufriendo.      

COMO SI LA GENTE IMPORTARA

El consejo final, y humanísimo, de Schumacher (“economía como si la gente importara”), va mucho más allá de los límites convencionales de la economía y sigue siendo tremendamente válido al cabo de cuatro décadas. Por favor, respetado lector, lea el libro si aún no lo ha hecho. Podrá usted discrepar sobre sus conclusiones, pero estoy seguro de que no le dejará indiferente ante los acontecimientos que estamos viviendo.

“¿Y qué puedo hacer yo?” Es precisamente la pregunta con la que se cierra el libro de Schumacher “Small is Beautiful”. La respuesta es muy simple y quizá desconcertante: todos, cada uno de nosotros, podemos poner nuestra casa interior en orden. Mirar a nuestro alrededor y ver lo que podemos hacer en nuestro entorno próximo.

Olvidarnos del FMI, del Banco Mundial, del G20, del BCE, y ver cómo podemos cooperar con nuestro vecino para volver a recrear el entorno económico que ha permitido hacer vivir a nuestros antepasados. No eran ricos, pero vivían, cuando hoy en día los pueblos en los que vivían se han convertido en residencias de tercera de edad, donde lo más importante es el cementerio.

La guía que necesitamos para ese trabajo no la vamos a encontrar en la ciencia o en la tecnología. El valor último depende del fin al que servimos. ”Aún podemos encontrarlo en la tradicional sabiduría de la humanidad”. Esto último no lo digo yo, lo dice en su libro Ernst Friedrich Schumacher.

www.eticafamilyoffice.com

Suscríbete a nuestra newsletter